Bloque 51

Capítulo 06

Pérdidas ambiguas: cuando no existe un final claro

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Referencias

  1. PubMed Central (PMC)
  2. PubMed
  3. Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR)
  4. Experts@Minnesota

Idea principal

Las pérdidas ambiguas son experiencias difíciles caracterizadas por la incertidumbre sobre la presencia o ausencia de alguien significativo, o por un cambio profundo en la relación que impide un 'cierre' claro, desafiando la forma tradicional de afrontar el duelo.

Preguntas frecuentes

¿Qué es una pérdida ambigua?
Una pérdida ambigua es una experiencia de duelo donde no hay un final claro, caracterizada por la incertidumbre sobre la presencia o ausencia de un ser querido, o por un cambio fundamental en la relación debido a una alteración grave. Este concepto fue desarrollado por Pauline Boss como un marco psicosocial para entender estas situaciones. Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye el consejo, diagnóstico ni tratamiento de un profesional cualificado.
¿Cuáles son los tipos de pérdida ambigua?
Existen dos tipos principales de pérdida ambigua: cuando la persona está físicamente ausente pero psicológicamente presente (como en una desaparición), y cuando la persona está físicamente presente pero la relación psicológica ha cambiado profundamente (como en casos de demencia o coma). Ambos tipos comparten la incertidumbre como elemento central. Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye el consejo, diagnóstico ni tratamiento de un profesional cualificado.
¿Cómo se diferencia una pérdida ambigua de una pérdida clara?
La principal diferencia radica en la incertidumbre. En una pérdida clara, se sabe exactamente qué ha ocurrido. En una pérdida ambigua, la realidad no se cierra completamente, dejando preguntas abiertas sobre qué afrontar o qué se ha perdido, lo que dificulta el proceso de duelo tradicional. Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye el consejo, diagnóstico ni tratamiento de un profesional cualificado.
¿Qué impacto tiene la desaparición de un ser querido en las familias?
La desaparición de un ser querido genera una incertidumbre constante que es una fuente significativa de estrés, manteniendo abiertas simultáneamente la esperanza, el miedo y la necesidad de respuestas. Además de la carga emocional, las familias pueden enfrentar consecuencias económicas, jurídicas, patrimoniales, administrativas y sociales. Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye el consejo, diagnóstico ni tratamiento de un profesional cualificado.
¿Cómo vivir con la ambigüedad cuando no hay un cierre posible?
Vivir con la ambigüedad implica reconocer que no tener una respuesta es también una realidad y aprender a coexistir con cierto grado de incertidumbre. Se sugiere separar lo que se sabe de lo que no se sabe y lo que se teme, para evitar tratar las posibilidades como hechos. La meta no es 'cerrar' sino 'cómo puedo continuar viviendo mientras algunas preguntas siguen abiertas'. Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye el consejo, diagnóstico ni tratamiento de un profesional cualificado.

Hay pérdidas en las que sabemos exactamente qué ha ocurrido.

Y hay otras en las que la realidad no termina de cerrarse.

Una persona desaparece y no sabemos si está viva o muerta.

Alguien sigue físicamente a nuestro lado, pero una demencia, un coma u otra alteración grave ha transformado profundamente la comunicación, la reciprocidad o la relación que manteníamos con esa persona.

En esos casos puede aparecer una experiencia especialmente difícil: la pérdida ambigua.

El concepto fue desarrollado por la investigadora Pauline Boss dentro de la teoría del estrés familiar para describir pérdidas en las que existe incertidumbre sobre la presencia o ausencia de alguien significativo. No es un diagnóstico psiquiátrico, sino un marco psicosocial para comprender determinadas experiencias de pérdida y sus efectos sobre las personas y las familias. ([Experts@Minnesota][1])

Su particular dificultad puede resumirse en una frase:

Ha cambiado algo fundamental, pero no existe un final suficientemente claro que permita organizar fácilmente qué se ha perdido, qué permanece y qué debemos esperar.

1. ¿Qué es exactamente una pérdida ambigua?

Pauline Boss desarrolló el término a partir de su trabajo con familias que vivían situaciones en las que no podían determinar con claridad quién estaba presente o ausente dentro del sistema familiar. La investigación posterior ha mantenido esta idea como elemento central del concepto. ([Experts@Minnesota][1])

La literatura distingue clásicamente dos grandes formas de pérdida ambigua. ([PubMed Central (PMC)][2])

1. La persona está físicamente ausente, pero psicológicamente muy presente

El ejemplo más claro es una persona desaparecida cuyo destino se desconoce.

La familia no puede saber con certeza:

  • si está viva;
  • si está muerta;
  • dónde se encuentra;
  • si regresará;
  • qué ocurrió;
  • o cuándo, si alguna vez, existirán respuestas.

Por eso la persona está ausente físicamente pero continúa extraordinariamente presente en pensamientos, decisiones, esperanzas y vida familiar. ([PubMed Central (PMC)][2])

2. La persona está físicamente presente, pero la relación psicológica ha cambiado profundamente

La formulación clásica de Boss habla de presencia física con ausencia psicológica, utilizando como ejemplos el coma o la demencia. ([PubMed Central (PMC)][2])

Pero esta expresión necesita utilizarse con cuidado.

Una persona con demencia no deja de ser una persona ni debe considerarse psicológicamente “muerta”. Lo que puede ocurrir es que la enfermedad modifique progresivamente la memoria, la comunicación, los roles, la reciprocidad y determinadas formas de relación. La investigación sobre duelo en cuidadores de personas con demencia describe precisamente pérdidas repetidas asociadas a estos cambios mientras la persona continúa viva. ([PubMed][3])


2. Lo que hace especialmente difícil esta pérdida es la incertidumbre

En una pérdida claramente definida existe una realidad dolorosa que debemos afrontar.

En una pérdida ambigua puede permanecer abierta una pregunta:

«¿Qué realidad tengo que afrontar?»

En familias de personas desaparecidas, el Comité Internacional de la Cruz Roja describe la incertidumbre constante como una fuente importante de estrés. No saber qué ocurrió puede mantener abiertas simultáneamente la esperanza, el miedo y la necesidad de obtener respuestas durante períodos muy prolongados. ([CICR][4])

Eso puede producir una situación aparentemente contradictoria:

quiero seguir buscando y también necesito vivir.

quiero mantener la esperanza y también tengo miedo de lo que pueda descubrir.

quiero aceptar lo que está ocurriendo y no sé exactamente qué debo aceptar.

No necesariamente tenemos que eliminar una de esas posiciones para que la otra sea válida.


3. La mente busca certezas cuando no las tiene

Cuando falta información, nuestra mente intenta completar los espacios vacíos.

«Quizá ocurrió esto».

«Seguro que aquella conversación significaba aquello».

«¿Y si todavía está vivo?»

«¿Y si ocurrió algo y yo podría haberlo evitado?»

«¿Y si la persona que conocía sigue ahí y mañana vuelve a ser como antes?»

La investigación reciente sobre familiares de personas desaparecidas identifica precisamente pensamientos persistentes sobre las circunstancias de la desaparición, esperanza y dificultad para manejar la incertidumbre entre las reacciones relevantes de esta experiencia. ([PubMed Central (PMC)][2])

El problema es que algunas preguntas no tienen todavía respuesta.

Y pensar más no siempre genera más información.


4. Tres categorías que pueden ayudar: lo que sé, lo que no sé y lo que temo

Cuando una situación está llena de incertidumbre, puede ser útil separar tres cosas.

Lo que sé

Hechos comprobados.

Por ejemplo:

«Hace cuatro meses que no tenemos noticias».

o:

«Mi padre tiene una demencia diagnosticada y ahora necesita ayuda para actividades que antes hacía solo».

Lo que no sé

Información que realmente falta.

«No sabemos dónde está».

«No sabemos cómo evolucionará exactamente la enfermedad en esta persona concreta».

Lo que temo o imagino

Predicciones.

«Seguro que nunca volveré a verlo».

«Dentro de poco ya no reconocerá absolutamente a nadie».

Esta separación no elimina la incertidumbre.

Pero puede evitar que una posibilidad termine siendo tratada mentalmente como si fuera un hecho.


5. No tener una respuesta también es una realidad

Puede parecer contradictorio, pero existe algo que sí podemos reconocer:

ahora mismo no sabemos.

Aceptar la incertidumbre no significa renunciar a obtener información.

Una familia puede seguir buscando a una persona desaparecida.

Puede exigir respuestas.

Realizar trámites.

Colaborar con las autoridades.

Y simultáneamente reconocer:

«Hoy todavía no tenemos esas respuestas».

El ICRC utiliza precisamente el marco de pérdida ambigua para trabajar con familias de personas desaparecidas sin exigirles que abandonen la búsqueda ni que acepten prematuramente una muerte que no ha sido confirmada. ([CICR][4])


6. Esperanza y adaptación no son enemigos

Una idea especialmente importante es que continuar con la vida no exige necesariamente dejar de esperar.

Una persona puede pensar:

«Espero que aparezca».

Y también:

«Mientras no tengamos noticias, necesito cuidar de mis hijos, trabajar y continuar viviendo».

La investigación con familias de personas desaparecidas muestra que la esperanza ocupa un lugar complejo dentro de la experiencia de pérdida ambigua y puede coexistir con sufrimiento e incertidumbre prolongada. ([PubMed][5])

Seguir viviendo no significa abandonar a la persona.

Y mantener esperanza tampoco tiene por qué obligarnos a suspender toda nuestra vida hasta obtener una respuesta.


7. El problema de esperar un «cierre»

Utilizamos mucho expresiones como:

«Necesito cerrar esto».

Pero existen situaciones en las que el cierre completo simplemente no está disponible.

No porque la persona se niegue psicológicamente a aceptar la realidad.

Sino porque la realidad sigue siendo incierta.

En la pérdida ambigua, exigir un cierre puede añadir presión a alguien que ya vive una situación imposible de resolver por completo. La literatura desarrollada a partir de la teoría de Boss insiste precisamente en aprender a vivir con cierto grado de ambigüedad cuando la certeza no puede obtenerse. ([Experts@Minnesota][1])

Por eso quizá la pregunta no sea:

«¿Cómo cierro esto?»

Sino:

«¿Cómo puedo continuar viviendo mientras algunas preguntas siguen abiertas?»


8. Cuando alguien está desaparecido

La desaparición de una persona es probablemente el ejemplo más claro de pérdida ambigua.

No existe un cuerpo.

No existe necesariamente confirmación de muerte.

Puede no existir un lugar al que acudir.

La familia puede mantener simultáneamente la expectativa de regreso y el temor de que haya ocurrido algo irreversible. ([PubMed][6])

Además, el problema no es exclusivamente emocional.

El ICRC señala que las familias de personas desaparecidas pueden enfrentarse también a consecuencias:

  • económicas;
  • jurídicas;
  • patrimoniales;
  • administrativas;
  • familiares;
  • y sociales.

Por ejemplo, puede resultar difícil gestionar prestaciones, propiedades o determinadas responsabilidades cuando legalmente tampoco está clara la situación de la persona desaparecida. ([CICR][4])

Es decir:

la incertidumbre emocional puede coexistir con una incertidumbre práctica real.


9. «¿Tengo derecho a seguir esperando?»

Sí puedes esperar.

Pero tampoco existe obligación de mantener una expectativa constante de que todo terminará bien.

Puede haber días en los que aparezca mucha esperanza.

Otros en los que predomine el miedo.

Y otros en los que necesites no pensar durante unas horas en la situación.

Las respuestas de familiares de personas desaparecidas utilizadas en el desarrollo del Ambiguous Loss Inventory Plus muestran precisamente esa convivencia entre pensamientos repetidos sobre la persona y la tensión entre esperanza y la posibilidad de un desenlace adverso. ([PubMed Central (PMC)][2])

No necesitas elegir una emoción definitiva antes de tener hechos definitivos.


10. Cuando una enfermedad cambia profundamente una relación

La segunda gran forma de pérdida ambigua aparece cuando una persona continúa físicamente presente pero determinadas capacidades, roles o formas de relación cambian profundamente.

La demencia es uno de los ejemplos más estudiados.

Una pareja puede seguir viviendo con la persona a la que quiere y, al mismo tiempo, echar de menos:

  • conversaciones que antes tenían;
  • recuerdos compartidos;
  • determinadas decisiones tomadas juntos;
  • independencia;
  • intimidad;
  • reconocimiento;
  • roles familiares;
  • o planes que ya no pueden desarrollarse de la misma manera.

La literatura científica sobre cuidadores de personas con demencia describe un duelo anterior al fallecimiento relacionado con pérdidas progresivas y cambios en la relación, y lo vincula con estrés y carga del cuidado. ([PubMed][3])


11. Echar de menos cómo era alguien no significa dejar de querer quién es ahora

Una persona puede pensar:

«Echo muchísimo de menos a mi marido como era antes».

Y sentirse culpable inmediatamente.

«¿Estoy diciendo entonces que ya no lo quiero?»

No necesariamente.

Podemos querer a la persona actual y simultáneamente sentir dolor por aspectos de la relación que han cambiado.

La investigación cualitativa con familiares que conviven con demencia describe precisamente experiencias de incertidumbre, aislamiento y transformación progresiva de la relación. ([PubMed Central (PMC)][7])

Reconocer una pérdida no significa negar a la persona que continúa presente.

Significa aceptar que algunas partes de la relación necesitan adaptarse a una realidad diferente.


12. Cuidado con decir «ya no está»

En enfermedades neurodegenerativas podemos escuchar:

«Mi madre ya no está».

La frase puede expresar con enorme precisión cómo se siente un familiar.

Pero conviene distinguir esa experiencia emocional de una afirmación literal.

La persona sigue existiendo.

Tiene necesidades.

Derechos.

Emociones.

Preferencias.

Capacidades que pueden conservarse en diferentes grados.

La investigación sobre personas que viven con demencia también muestra que ellas mismas experimentan pérdidas relacionadas con su identidad, con cómo las ven los demás y con los cambios presentes y futuros. ([PubMed][8])

Por eso podemos validar al cuidador sin borrar a la persona cuidada:

«Entiendo que eches de menos vuestra relación anterior y, al mismo tiempo, podemos intentar descubrir qué formas de conexión siguen siendo posibles ahora».


13. La relación puede necesitar cambiar, no desaparecer

Cuando determinadas capacidades disminuyen quizá ya no podamos relacionarnos exactamente como antes.

Pero pueden permanecer otras formas de conexión.

Escuchar música.

Pasear.

Mirar fotografías.

Compartir una comida.

Acariciar una mano.

Realizar actividades sencillas.

Estar juntos sin conversación.

No todas servirán para todas las personas ni durante todas las fases de una enfermedad.

La idea no es fingir que nada ha cambiado.

Es evitar el extremo contrario:

pensar que, porque algunas cosas se han perdido, ya no queda nada por compartir.


14. La ambigüedad también afecta a los roles familiares

Una pérdida ambigua puede generar lo que la teoría familiar denomina ambigüedad de límites: incertidumbre respecto a quién ocupa determinados lugares y responsabilidades dentro de la familia. ([PubMed][9])

Por ejemplo:

Una pareja continúa siendo pareja, pero uno de sus miembros empieza a desempeñar también un papel de cuidador.

Un hijo continúa siendo hijo, pero empieza a gestionar las finanzas de su padre.

La familia de una persona desaparecida puede no saber quién debe asumir determinadas decisiones.

Estas situaciones pueden generar preguntas difíciles:

«¿Cuál es ahora mi papel?»

«¿Hasta dónde puedo decidir?»

«¿Cómo reorganizamos esto sin sentir que estamos sustituyendo a la persona?»

Nombrar el cambio de roles puede resultar más útil que fingir que la estructura familiar sigue exactamente igual.


15. Algo puede estar perdido y seguir presente

Esta es quizá la paradoja central de la pérdida ambigua.

Puede haber presencia y ausencia simultáneamente.

Una persona desaparecida está ausente físicamente y extraordinariamente presente en la vida psicológica de su familia.

Una persona con una enfermedad neurológica puede estar físicamente a nuestro lado mientras determinadas partes de la relación que conocíamos se han transformado.

La teoría de la pérdida ambigua se desarrolló precisamente para comprender situaciones que no caben bien en una división simple entre:

«está»

y

«no está». ([Experts@Minnesota][1])


16. No necesitas resolver la contradicción

Puede ser útil aprender a utilizar dos frases unidas por «y» en lugar de obligarnos siempre a elegir una.

«Espero que vuelva Y necesito continuar con mi vida».

«Quiero muchísimo a mi madre Y echo de menos cómo era nuestra relación antes».

«Estoy agradecido de tenerlo conmigo Y estoy agotado por todo lo que ha cambiado».

«No sé qué ocurrió Y necesito encontrar alguna estabilidad mientras espero respuestas».

No estamos utilizando estas frases para eliminar el sufrimiento.

Estamos dejando espacio a dos realidades que pueden coexistir.


17. Una práctica de Universo Tú: mi mapa de certeza e incertidumbre

Esta actividad tiene finalidad de reflexión.

No es un test psicológico ni sirve para diagnosticar ningún trastorno.

Divide una hoja en cuatro partes.

1. Lo que sé

Solamente hechos.

Por ejemplo:

«Hace tres meses que no sabemos dónde está».

«El diagnóstico está confirmado».

«Ahora necesita ayuda para cocinar».


2. Lo que no sé

Preguntas que siguen abiertas.

«No sé cuándo tendremos noticias».

«No sé exactamente cómo evolucionará».

«No sé si volveremos a mantener algunas conversaciones como antes».


3. Lo que estoy imaginando

Tus peores escenarios.

Tus mejores escenarios.

Tus predicciones.

«Estoy convencido de que…»

«Seguro que…»

«Quizá…»

Este apartado ayuda a recordar que imaginar no es saber.


4. Lo que sí puedo decidir hoy

Quizá:

hacer una llamada;

realizar un trámite;

pedir ayuda;

descansar;

cuidar de tu salud;

hablar con alguien;

organizar una responsabilidad familiar;

buscar información fiable;

o dedicar unas horas a algo que no esté relacionado con la pérdida.

Después elige una única acción.

La incertidumbre puede ser enorme.

Tu siguiente paso no tiene que serlo.


18. Segunda práctica: qué permanece y qué ha cambiado

Especialmente útil cuando una enfermedad ha transformado una relación.

Escribe dos columnas.

Ha cambiado

La memoria.

Las conversaciones.

La independencia.

Los planes.

La sexualidad.

Los roles familiares.

Las decisiones compartidas.

Solo incluye aquello que realmente corresponda a vuestra situación.

Permanece

El contacto.

Algunas preferencias.

Determinados recuerdos.

El sentido del humor.

El cariño.

Una actividad.

Una forma de comunicación.

La capacidad de disfrutar algo juntos.

Quizá algunas columnas cambien con el tiempo.

Ese es precisamente el objetivo:

mirar la realidad actual, no únicamente la anterior ni la que tememos que llegue después.


19. Los rituales tampoco necesitan fingir una certeza que no existe

En una desaparición puede resultar difícil realizar rituales asociados tradicionalmente a una muerte porque no existe confirmación de que la persona haya fallecido.

Esto no obliga necesariamente a elegir entre:

«hacer un funeral»

o

«no hacer absolutamente nada».

En contextos de personas desaparecidas, los programas de apoyo psicosocial han tenido que adaptarse precisamente a la ausencia de certezas y a las diferencias culturales de cada familia. ([CICR][4])

Una familia puede crear formas de reconocimiento que no afirmen algo que desconoce.

Reunirse.

Encender una vela.

Conservar un espacio de recuerdo.

Escribir.

Realizar una ceremonia de esperanza.

O elegir no hacer ningún ritual.

Lo importante es no convertir una práctica simbólica en una declaración de hechos que todavía no están establecidos.


20. No obligues a alguien a «aceptar que está muerto» si no se sabe

En una desaparición real, frases como:

«Tienes que asumir que ha muerto»

pueden ser especialmente dañinas cuando no existe evidencia que lo confirme.

La incertidumbre no es necesariamente una negación psicológica.

Puede ser una característica objetiva de la situación.

El ICRC señala precisamente que las familias necesitan apoyo mientras continúan careciendo de respuestas, y no únicamente después de que la situación se resuelva. ([CICR][4])

Acompañar puede significar soportar junto a la persona una pregunta para la que nosotros tampoco tenemos respuesta.


21. Tampoco prometas que todo terminará bien

El extremo contrario tampoco ayuda.

«Seguro que aparece».

«Seguro que recuperará completamente su memoria».

Cuando no tenemos datos para saberlo, esas frases convierten una esperanza en una promesa.

Podemos ofrecer apoyo sin inventar certezas:

«No sabemos qué ocurrirá, pero no tienes por qué atravesar esto solo».

«Vamos a ocuparnos de lo que sí sabemos hoy».

Una respuesta honesta puede resultar más respetuosa que un consuelo construido sobre algo que nadie puede garantizar.


22. ¿Cuándo conviene buscar ayuda profesional?

Una pérdida ambigua no es por sí misma un trastorno psicológico.

Pero una situación de incertidumbre prolongada puede coexistir con ansiedad, depresión, síntomas traumáticos, dificultades de sueño, aislamiento u otros problemas de salud mental. La investigación sobre familias de personas desaparecidas y cuidadores de personas con demencia documenta precisamente un amplio rango de respuestas psicológicas y necesidades de apoyo. ([PubMed Central (PMC)][2])

Puede ser recomendable solicitar ayuda cuando:

  • la preocupación ocupa prácticamente todo el día;
  • resulta muy difícil trabajar o mantener las actividades habituales;
  • el sueño está gravemente alterado;
  • el aislamiento aumenta;
  • la situación familiar se está haciendo inmanejable;
  • existe un agotamiento importante relacionado con los cuidados;
  • aparecen síntomas intensos de ansiedad, depresión o trauma;
  • aumenta el consumo de alcohol u otras sustancias para soportar la situación;
  • o la persona siente que ya no puede manejar la incertidumbre sin ayuda.

Una evaluación profesional debe estudiar el problema concreto en lugar de asumir automáticamente que todo forma parte de «un duelo».


23. Pérdida ambigua no es trastorno de duelo prolongado

Esta distinción debe quedar especialmente clara.

La pérdida ambigua es un concepto psicosocial utilizado para describir situaciones de pérdida en las que la presencia, ausencia o estado de una persona permanece incierto o profundamente alterado. ([Experts@Minnesota][1])

El trastorno de duelo prolongado, en cambio, es un diagnóstico clínico del DSM-5-TR referido a la muerte confirmada de una persona cercana, junto con otros criterios de síntomas, tiempo, deterioro funcional y contexto cultural. En adultos deben haber transcurrido al menos 12 meses desde el fallecimiento y, en niños y adolescentes, al menos seis. ([Psiquiatría][10])

Por tanto:

una persona desaparecida cuyo destino se desconoce no debe convertirse automáticamente en un caso de trastorno de duelo prolongado.

Y el dolor producido por los cambios de una persona con demencia tampoco equivale automáticamente a ese diagnóstico.

Existen reacciones parecidas al duelo, pero el contexto clínico es diferente. La propia investigación que desarrolla instrumentos para personas con familiares desaparecidos advierte que las medidas creadas para el duelo por muerte no capturan necesariamente bien la experiencia específica de la desaparición. ([PubMed Central (PMC)][2])


24. No todo necesita tener respuesta para que tu vida pueda continuar

Este quizá sea uno de los aprendizajes más difíciles de una pérdida ambigua.

Normalmente intentamos resolver los problemas.

Encontramos una causa.

Tomamos una decisión.

Cerramos una etapa.

Pero existen situaciones que no obedecen ese esquema.

Algunas preguntas permanecen abiertas.

Y entonces la tarea cambia.

Ya no consiste únicamente en encontrar la respuesta.

También consiste en evitar que la ausencia de respuesta ocupe cada rincón de la vida mientras seguimos buscándola o aprendemos a convivir con ella.

El trabajo del ICRC con familias de personas desaparecidas utiliza precisamente esta perspectiva: ayudar a las personas a atender su bienestar y otros aspectos de su vida aun cuando la ambigüedad continúa. ([CICR][4])


25. Vivir con incertidumbre no significa rendirse

Puedes continuar buscando.

Cuidando.

Preguntando.

Esperando.

Adaptando.

Y al mismo tiempo permitir que tu vida tenga otros espacios.

Dormir.

Trabajar.

Reír.

Criar a tus hijos.

Ver a tus amigos.

Salir a caminar.

Celebrar algo.

Descansar.

No existe ninguna traición en seguir viviendo.

La incertidumbre ya ocupa mucho.

No tiene por qué ocuparlo todo.


En resumen

La pérdida ambigua describe situaciones en las que no existe una separación o una presencia claramente definida. Pauline Boss distingue clásicamente entre la ausencia física con presencia psicológica —como ocurre con una persona desaparecida— y la presencia física acompañada de una profunda transformación de la relación psicológica, como puede ocurrir en el coma o la demencia. ([PubMed Central (PMC)][2])

Su dificultad particular procede de la incertidumbre. En las desapariciones, la familia puede carecer durante años de información sobre el destino de la persona, una situación que puede producir consecuencias psicológicas, sociales, económicas y jurídicas. ([CICR][4])

En enfermedades como la demencia, las pérdidas pueden producirse progresivamente antes del fallecimiento: cambian capacidades, roles y maneras de relacionarse mientras la persona continúa presente. ([PubMed][3])

La pérdida ambigua no es un diagnóstico psiquiátrico ni equivale al trastorno de duelo prolongado. Este último se refiere, bajo los criterios DSM-5-TR, al duelo persistente y discapacitante después de la muerte de una persona cercana. ([Psiquiatría][10])

Quizá en estas pérdidas la pregunta más útil no sea:

«¿Cómo consigo cerrar esto?»

Sino:

«¿Qué sé, qué todavía no puedo saber y cómo puedo seguir viviendo mientras la realidad continúa abierta?»


Preguntas frecuentes

¿Qué es una pérdida ambigua?

Es una pérdida en la que no está claramente definida la presencia o ausencia de una persona significativa. Puede existir ausencia física con presencia psicológica, como en una desaparición, o presencia física mientras determinados aspectos psicológicos y relacionales se han transformado profundamente, como puede ocurrir en la demencia o el coma. ([PubMed Central (PMC)][2])

¿Quién creó el concepto de pérdida ambigua?

La investigadora Pauline Boss desarrolló el concepto a partir de la década de 1970 dentro de sus investigaciones sobre estrés y relaciones familiares. ([Experts@Minnesota][1])

¿Una persona desaparecida provoca una pérdida ambigua?

Sí. Es uno de sus ejemplos paradigmáticos porque la familia desconoce si la persona está viva o muerta y puede permanecer durante años sin información suficiente sobre su destino. ([PubMed][6])

¿La demencia puede producir pérdida ambigua?

El concepto se utiliza ampliamente para describir algunas pérdidas experimentadas por familiares de personas con demencia: la persona continúa físicamente presente mientras determinadas capacidades, roles y formas de relación van cambiando. Eso no significa que haya dejado de ser una persona ni que deba tratarse como si hubiera muerto. ([PubMed][3])

¿Es posible sentir duelo por alguien que sigue vivo?

Sí. La investigación describe respuestas de duelo ante diferentes pérdidas que ocurren antes de la muerte o sin fallecimiento, incluidas algunas asociadas a demencia, desaparición y cambios profundos de relaciones. ([PubMed Central (PMC)][11])

¿Hay que perder la esperanza para poder continuar?

No necesariamente. En familiares de personas desaparecidas, esperanza e incertidumbre pueden coexistir. Continuar con la vida no obliga a abandonar la búsqueda ni a afirmar una muerte que no ha sido confirmada. ([PubMed][5])

¿Necesito conseguir un cierre?

No siempre es posible obtener un cierre completo. En una pérdida ambigua, parte del problema consiste precisamente en que la información o la resolución necesarias pueden no existir. El objetivo puede convertirse en aprender a vivir con cierto grado de incertidumbre sin abandonar el bienestar propio. ([Experts@Minnesota][1])

¿La pérdida ambigua es una enfermedad mental?

No. Es un concepto psicosocial, no un diagnóstico psiquiátrico. Puede coexistir con problemas de salud mental que sí necesiten valoración y tratamiento. ([Wiley Online Library][12])

¿Es lo mismo que el trastorno de duelo prolongado?

No. El trastorno de duelo prolongado del DSM-5-TR exige la muerte de una persona cercana y otros criterios clínicos específicos. ([Psiquiatría][10])

¿Cuándo debería pedir ayuda?

Cuando la incertidumbre o el sufrimiento interfieren intensamente con la vida cotidiana, existe un deterioro persistente del sueño, el trabajo o las relaciones, aparecen síntomas significativos de ansiedad, depresión o trauma, existe agotamiento severo relacionado con los cuidados o aparecen pensamientos de autolesión o suicidio. La evaluación debe adaptarse a la situación concreta. ([PubMed Central (PMC)][2])