Bloque 51

Capítulo 02

Las etapas del duelo no son lineales

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Referencias

  1. American Psychological Association (APA)
  2. PubMed
  3. American Psychiatric Association

Idea principal

El duelo es un proceso individual y no lineal que no sigue etapas predecibles ni un cronograma universal. Las famosas cinco etapas de Kübler-Ross describen posibles experiencias, no un camino obligatorio.

Preguntas frecuentes

¿Son las etapas del duelo siempre lineales y predecibles?
No, el duelo no es un proceso lineal ni sigue etapas predecibles, según la American Psychological Association. Las personas pueden experimentar diferentes emociones en cualquier orden, superponerlas e incluso verlas reaparecer con el tiempo. Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye el consejo, diagnóstico ni tratamiento de un profesional cualificado.
¿Qué papel juegan las cinco etapas de Kübler-Ross en la comprensión del duelo?
Las cinco etapas de Kübler-Ross describen posibles experiencias emocionales durante una pérdida, como negación o ira, pero no deben interpretarse como un mapa obligatorio o secuencial. Su trabajo original se centró en personas que afrontaban su propia muerte, no en supervivientes de una pérdida. Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye el consejo, diagnóstico ni tratamiento de un profesional cualificado.
¿Qué es el Modelo de Proceso Dual del Afrontamiento del Duelo?
Es un modelo que describe el duelo como una oscilación entre la orientación hacia la pérdida (recordar, llorar) y la orientación hacia la restauración (reorganizar rutinas, retomar actividades). Este modelo sugiere que el duelo implica un movimiento constante entre estos enfoques, permitiendo incluso "descansos" del propio duelo. Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye el consejo, diagnóstico ni tratamiento de un profesional cualificado.
¿Significa que estoy 'haciendo mal el duelo' si no experimento todas las etapas o si vuelvo a sentirme triste?
No, el duelo es profundamente personal y no hay una forma 'correcta' de atravesarlo. No experimentar todas las etapas, no seguirlas en orden, o experimentar una reaparición de emociones intensas no indica que el duelo esté yendo mal. La investigación muestra diversas trayectorias de adaptación. Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye el consejo, diagnóstico ni tratamiento de un profesional cualificado.

Cuando atravesamos una pérdida es frecuente preguntarnos:

«¿En qué etapa del duelo estoy?»

O escuchar frases como:

«Ahora estás en negación». «Después vendrá la rabia». «Todavía no has llegado a la aceptación».

Estas expresiones proceden en gran medida de uno de los modelos psicológicos más conocidos popularmente: las llamadas cinco etapas de Kübler-Ross —negación, ira, negociación, depresión y aceptación—.

Pero hay algo fundamental que debemos aclarar desde el principio:

El duelo no es una escalera de cinco peldaños que todas las personas tengan que subir en el mismo orden.

La American Psychological Association señala expresamente que no debemos esperar atravesar unas fases determinadas del duelo. Materiales actuales de la propia APA describen el duelo como un proceso que no es lineal ni sigue etapas predecibles. ([APA][1])

Puedes sentir tristeza hoy, estar relativamente tranquilo mañana y volver a sentir una fuerte nostalgia dentro de tres semanas.

Eso no significa necesariamente que estés retrocediendo.

Significa que la adaptación a una pérdida puede cambiar con el tiempo, las circunstancias y los recuerdos que van apareciendo.


1. De dónde vienen las famosas cinco etapas del duelo

La psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross publicó en 1969 On Death and Dying, una obra de enorme influencia que ayudó a abrir conversaciones sobre la muerte y la experiencia de las personas con enfermedades terminales.

Su trabajo describió cinco respuestas conocidas:

  • negación;
  • ira;
  • negociación;
  • depresión;
  • aceptación.

Pero existe una diferencia histórica importante que con frecuencia se pierde cuando el modelo se divulga.

El trabajo original de Kübler-Ross se desarrolló principalmente a partir de conversaciones con personas que afrontaban su propia muerte, no como una demostración científica de que todos los supervivientes de una pérdida deban atravesar cinco etapas universales y ordenadas. Revisiones académicas posteriores han advertido precisamente contra la aplicación rígida de este modelo al duelo y al bereavement. ([PubMed][2])

La literatura científica ha cuestionado especialmente la idea de utilizar estas etapas de forma prescriptiva, como si indicaran cómo debería evolucionar una persona después de perder a alguien. ([PubMed][3])

Por tanto, el problema no está necesariamente en reconocer emociones como rabia, incredulidad o tristeza.

El problema aparece cuando pensamos:

«Primero debo pasar por esto, después por aquello y finalmente llegar a la aceptación».

El duelo real suele ser bastante menos ordenado.


2. Entonces, ¿las cinco etapas son falsas?

La respuesta necesita matices.

Las palabras utilizadas por Kübler-Ross describen experiencias que algunas personas pueden reconocer durante una pérdida.

Podemos sentir incredulidad.

Podemos enfadarnos.

Podemos pensar repetidamente qué habría ocurrido si hubiéramos actuado de otra manera.

Podemos experimentar una tristeza intensa.

Podemos ir incorporando progresivamente la realidad de lo sucedido.

Lo que no está justificado es asumir que:

  • todo el mundo experimentará las cinco;
  • aparecerán necesariamente en ese orden;
  • cada etapa terminará antes de empezar la siguiente;
  • existe un tiempo determinado para atravesarlas;
  • llegar a la aceptación significa que el duelo ha terminado;
  • o no experimentar alguna de ellas indica que estamos haciendo mal el duelo.

La propia terminología de la APA señala que las etapas no son necesariamente secuenciales, pueden superponerse y pueden reaparecer. ([APA][4])

Por eso resulta mucho más preciso utilizarlas, en todo caso, como posibles experiencias humanas y no como un mapa obligatorio.


3. La negación no tiene que ser la primera etapa

Después de una pérdida puede aparecer una sensación de incredulidad:

«No puede estar ocurriendo».

Una persona puede conocer racionalmente lo sucedido y, sin embargo, tardar un tiempo en incorporarlo emocionalmente.

Pero no todo el mundo experimenta una negación intensa.

Y tampoco tiene que aparecer únicamente al principio.

Un recuerdo, una rutina automática o una situación cotidiana pueden volver a generar durante unos segundos esa extraña sensación de que la realidad anterior todavía existe.

Eso no permite por sí solo establecer que alguien esté «atrapado en la fase de negación».


4. La rabia puede aparecer, desaparecer y volver

Una pérdida puede despertar rabia hacia muchas direcciones.

Hacia otra persona.

Hacia uno mismo.

Hacia profesionales o instituciones.

Hacia las circunstancias.

Incluso hacia la persona que murió.

La presencia de rabia tampoco significa que exista una etapa específica que haya que completar.

Las emociones durante el duelo pueden ser complejas y coexistir entre sí. La APA describe el duelo como una experiencia que puede incluir angustia, añoranza, preocupación, confusión y otras respuestas emocionales y fisiológicas. ([APA][5])

Podemos estar enfadados y tristes al mismo tiempo.

O sentir rabia un día y ninguno durante meses.


5. «¿Y si hubiera hecho otra cosa?»: la llamada negociación

Después de algunas pérdidas aparecen pensamientos contrafactuales:

«¿Y si hubiera llamado antes?»

«¿Y si hubiera insistido más?»

«¿Y si hubiera tomado otra decisión?»

Nuestra mente intenta comprender algo que ya no podemos modificar.

Pero tampoco todas las personas atraviesan una etapa reconocible de «negociación».

Si estos pensamientos aparecen, resulta más útil observar qué contienen —culpa, incertidumbre, necesidad de comprender, responsabilidad real o imaginada— que intentar decidir en qué casilla del proceso estamos.


6. La tristeza del duelo no equivale automáticamente a depresión clínica

Una pérdida puede producir una tristeza muy profunda.

Pero debemos evitar una confusión especialmente importante.

La palabra «depresión», utilizada como nombre de una de las cinco etapas, no significa automáticamente que una persona padezca un trastorno depresivo mayor.

El duelo y la depresión pueden compartir características, pero no son lo mismo y también pueden coexistir. La American Psychiatric Association explica que, en el duelo, las emociones dolorosas pueden aparecer en oleadas e intercalarse con recuerdos o emociones positivas, mientras que en una depresión mayor el ánimo deprimido o la pérdida de interés suelen ser más generalizados. Esta diferenciación requiere valoración clínica y no debe utilizarse como autodiagnóstico. ([Psiquiatría][6])

Sentirse profundamente triste después de una pérdida no permite, por sí solo, concluir que existe una depresión.

Pero tampoco deberíamos atribuir automáticamente cualquier deterioro psicológico a «una etapa normal del duelo».


7. Aceptar no significa olvidar

La palabra aceptación también puede generar confusión.

Aceptar una realidad no significa:

  • estar de acuerdo con lo ocurrido;
  • pensar que fue justo;
  • dejar de echar de menos;
  • dejar de querer;
  • borrar los recuerdos;
  • ni dejar de sentir tristeza.

Puede significar algo más sencillo y, al mismo tiempo, más difícil:

ir incorporando a nuestra vida una realidad que ya no podemos cambiar.

Y tampoco existe necesariamente un momento definitivo en el que podamos afirmar:

«Ya he llegado a la aceptación».

Una persona puede comprender perfectamente una pérdida y seguir emocionándose años después ante un recuerdo significativo.

Eso no invalida la adaptación conseguida.


8. El duelo se parece más a un movimiento que a una escalera

Uno de los modelos contemporáneos más influyentes es el Modelo de Proceso Dual del Afrontamiento del Duelo, desarrollado por Margaret Stroebe y Henk Schut.

Este modelo no propone avanzar por una sucesión fija de etapas.

Describe un proceso de oscilación entre dos grandes orientaciones. ([PubMed][7])

Orientación hacia la pérdida

Hay momentos en los que nuestra atención está especialmente centrada en aquello que hemos perdido.

Podemos:

  • recordar;
  • llorar;
  • echar de menos;
  • hablar de la persona;
  • revisar fotografías;
  • pensar en lo sucedido;
  • sentir la ausencia.

Orientación hacia la restauración

En otros momentos nuestra atención se dirige hacia la vida que continúa.

Podemos:

  • reorganizar rutinas;
  • asumir nuevas responsabilidades;
  • aprender cosas que antes hacía otra persona;
  • resolver problemas;
  • volver al trabajo;
  • recuperar relaciones;
  • hacer planes;
  • encontrar nuevas formas de vivir.

El modelo considera importante precisamente ese movimiento entre ambas orientaciones y también la posibilidad de tomarnos descansos del propio duelo. ([PubMed][7])

Esto nos ayuda a entender algo fundamental:

no tenemos que estar pensando constantemente en nuestra pérdida para estar afrontándola.


9. Tener un buen día no significa que hayas dejado de querer

Algunas personas experimentan culpa cuando empiezan a sentirse mejor.

Se ríen.

Salen con amigos.

Disfrutan de una comida.

Pasan unas horas sin pensar en lo ocurrido.

Y entonces aparece una sensación incómoda:

«¿Cómo puedo estar disfrutando después de lo que ha pasado?»

Pero descansar emocionalmente de la pérdida forma parte de los procesos descritos en modelos contemporáneos de adaptación al duelo. ([PubMed][7])

El cariño no se mide por la cantidad de horas que sufrimos.

Tener momentos agradables no borra la importancia de aquello que hemos perdido.


10. Y volver a llorar tampoco significa que hayas retrocedido

Puede suceder exactamente lo contrario.

Pasan semanas o meses.

Parece que la vida comienza a reorganizarse.

Y de repente aparece algo.

Una canción.

Una fotografía.

Un olor.

Una fecha.

Un lugar.

Una conversación.

Una celebración familiar.

Y la emoción vuelve con una intensidad inesperada.

Las fechas significativas y los recordatorios pueden reactivar recuerdos y emociones después de una pérdida. La APA señala específicamente que aniversarios y otros acontecimientos relacionados pueden resultar especialmente difíciles para algunas personas. ([APA][8])

Eso no demuestra automáticamente que el duelo esté empeorando.

Una emoción intensa que reaparece no borra todo lo que hemos avanzado entre medias.


11. No todas las personas siguen la misma trayectoria

La investigación sobre duelo ha identificado diferentes trayectorias de adaptación.

Hay personas que experimentan un sufrimiento intenso que disminuye gradualmente.

Otras muestran una considerable capacidad de funcionamiento desde etapas relativamente tempranas.

Un grupo menor mantiene niveles elevados y persistentes de sufrimiento.

También pueden existir otras trayectorias. ([PubMed][9])

Esta variabilidad tiene una consecuencia importante:

no podemos evaluar el amor que alguien sentía observando únicamente cuánto llora o cuánto tarda en recuperar determinadas actividades.

Tampoco deberíamos comparar:

«Tu hermana parece estar mejor que tú».

«Tu padre ya ha vuelto a trabajar».

«Yo todavía lloro y los demás no».

Distintas personas pueden responder de maneras distintas ante la misma pérdida.


12. El duelo tampoco tiene un cronómetro universal

No existe un momento universal en el que toda persona deba haber terminado de sufrir.

La American Psychological Association señala expresamente que no existe un periodo “normal” único para el duelo. ([APA][1])

Esto no significa que el tiempo sea clínicamente irrelevante.

Existe un diagnóstico llamado trastorno de duelo prolongado, incluido en DSM-5-TR y también reconocido dentro de ICD-11. Sus criterios no se basan únicamente en que haya pasado tiempo: requieren síntomas persistentes, sufrimiento o deterioro clínicamente significativo y consideración de las normas sociales, culturales y religiosas correspondientes. ([Psiquiatría][10])

En DSM-5-TR, para adultos, el diagnóstico requiere que hayan transcurrido al menos 12 meses después de la muerte de una persona cercana; en niños y adolescentes, al menos seis meses. ([Psiquiatría][11])

Pero esos criterios diagnósticos no son una fecha límite para “superar” una pérdida.

Cumplir doce meses desde un fallecimiento no convierte automáticamente un duelo en patológico.


13. Una forma más útil de observar tu duelo

En lugar de preguntarte:

«¿En qué etapa estoy?»

prueba con preguntas mucho más concretas.

¿Qué estoy sintiendo hoy?

Quizá tristeza.

Rabia.

Nostalgia.

Miedo.

Alivio.

Culpa.

O quizá hoy no sientas ninguna emoción especialmente intensa.

¿Qué ha activado esta emoción?

Una fecha.

Un pensamiento.

Una conversación.

Una fotografía.

Una situación nueva.

Una preocupación por el futuro.

¿Qué estoy necesitando?

Quizá hablar.

Quizá estar acompañado.

Quizá descansar.

Quizá resolver algo práctico.

Quizá estar solo un rato.

¿Estoy centrado hoy en la pérdida o en reconstruir mi vida?

Ambas cosas pueden tener espacio.

¿Qué puedo hacer hoy que esté bajo mi control?

No necesitas solucionar toda tu vida.

A veces basta con identificar el siguiente paso posible.


14. Práctica de Universo Tú: el mapa de mis movimientos de duelo

Esta actividad es una herramienta de reflexión y no un test psicológico ni un instrumento diagnóstico.

Durante siete días puedes dedicar unos minutos al final de la jornada a responder cuatro preguntas.

1. ¿Cuánto espacio ha ocupado hoy la pérdida?

No necesitas puntuarla.

Descríbelo con palabras.

Por ejemplo:

«He pensado mucho en ello esta mañana, pero por la tarde he estado concentrado en otras cosas».

2. ¿Qué me ha acercado emocionalmente a la pérdida?

Puede haber sido:

  • un recuerdo;
  • una persona;
  • un lugar;
  • una canción;
  • una preocupación;
  • una fecha;
  • un sueño.

3. ¿Qué he hecho relacionado con reconstruir mi vida?

Quizá:

  • volver a cocinar;
  • quedar con alguien;
  • resolver un trámite;
  • retomar una actividad;
  • cuidar de los niños;
  • trabajar;
  • descansar;
  • planificar algo.

4. ¿Qué he necesitado hoy?

Escribe una necesidad concreta.

No:

«Necesito estar bien».

Mejor:

«Necesito dormir mejor».

«Necesito hablar con alguien».

«Necesito organizar este trámite».

«Necesito tener una tarde sin obligaciones».

Después de varios días puede aparecer algo interesante:

tu duelo probablemente no dibuje una línea recta.

Puede parecerse mucho más a un movimiento.


15. Cinco ideas que conviene dejar atrás

«Si vuelvo a llorar, estoy retrocediendo»

No necesariamente.

Una emoción puede reaparecer ante recuerdos o circunstancias significativas sin que eso elimine la adaptación conseguida.

«Tengo que pasar por las cinco etapas»

No.

No existe esa obligación psicológica. ([APA][1])

«Si estoy bien demasiado pronto, algo va mal»

Tampoco.

Las trayectorias de adaptación son diversas y algunas personas mantienen niveles relativamente buenos de funcionamiento después de una pérdida. ([PubMed][9])

«Aceptar significa olvidar»

No.

Adaptarse a una ausencia no exige borrar el vínculo ni los recuerdos.

La literatura sobre los llamados vínculos continuados muestra que mantener diferentes formas de conexión psicológica con una persona fallecida es una experiencia frecuente, aunque su significado y sus efectos varían entre personas. ([PubMed][12])

«Si ha pasado mucho tiempo, ya no debería doler»

El tiempo por sí solo no determina cómo debe sentirse una persona. Lo importante es considerar también la intensidad, el funcionamiento cotidiano, el contexto cultural y la evolución global. ([Psiquiatría][10])


16. ¿Cuándo conviene pedir ayuda?

Aceptar que el duelo no es lineal tampoco significa que debamos normalizar cualquier nivel de sufrimiento indefinidamente.

Conviene consultar con un profesional de la salud mental cuando el malestar:

  • resulta muy intenso;
  • empeora de forma persistente;
  • dificulta seriamente trabajar, estudiar o mantener las actividades cotidianas;
  • produce un aislamiento importante;
  • se acompaña de síntomas de depresión, ansiedad, trauma u otros problemas significativos;
  • lleva a utilizar alcohol u otras sustancias como principal forma de afrontamiento;
  • o aparecen pensamientos de autolesión o suicidio.

En los duelos por fallecimiento, algunas personas desarrollan un trastorno de duelo prolongado, caracterizado por una respuesta intensa y persistente que provoca sufrimiento o deterioro significativo y excede lo esperable dentro del contexto social, cultural o religioso de la persona. ([Psiquiatría][10])

Ante pensamientos de suicidio, autolesión o riesgo inmediato para la propia seguridad, debe buscarse atención urgente.


17. No tienes que saber en qué etapa estás

Quizá esta sea la idea más importante del capítulo.

No necesitas situarte constantemente en un mapa psicológico.

No necesitas decir:

«Estoy en negación».

«He vuelto a la rabia».

«Todavía no he llegado a la aceptación».

Puede ser mucho más útil observar:

¿Qué estoy sintiendo?

¿Qué lo ha activado?

¿Qué está cambiando en mi vida?

¿Qué necesito ahora?

¿Qué puedo empezar a reconstruir?

Porque el duelo no se parece demasiado a caminar por un pasillo con cinco puertas que hay que atravesar una detrás de otra.

A veces avanzamos.

A veces recordamos.

A veces descansamos.

A veces una emoción regresa.

A veces descubrimos algo que vuelve a doler.

Y mientras todo eso ocurre, la vida continúa reorganizándose alrededor de una realidad que ha cambiado.


En resumen

Las conocidas cinco etapas de Kübler-Ross tuvieron una enorme influencia cultural, pero no deben utilizarse como una secuencia universal y obligatoria del duelo. El trabajo original se desarrolló en el contexto de personas que afrontaban enfermedades terminales y la literatura científica posterior ha advertido contra su aplicación rígida a todas las personas en duelo. ([PubMed][2])

Las personas pueden experimentar incredulidad, rabia, pensamientos de negociación, tristeza o aceptación, pero esas experiencias pueden aparecer juntas, cambiar, reaparecer o no presentarse de manera identificable. ([APA][4])

Modelos contemporáneos como el Modelo de Proceso Dual describen mejor un movimiento entre afrontar directamente la pérdida y atender las necesidades de reconstrucción de la vida cotidiana. ([PubMed][7])

Por eso, quizá la pregunta más útil no sea:

«¿En qué etapa debería estar?»

Sino:

«¿Qué estoy necesitando en este momento para convivir con la pérdida y continuar reconstruyendo mi vida?»


Preguntas frecuentes

¿Cuáles son las cinco etapas del duelo?

Las cinco etapas popularizadas a partir del trabajo de Elisabeth Kübler-Ross son negación, ira, negociación, depresión y aceptación. No deben considerarse etapas obligatorias ni una secuencia universal que todas las personas atraviesen en ese orden. ([PubMed][2])

¿Las etapas del duelo siempre aparecen en el mismo orden?

No. Pueden superponerse, reaparecer o no experimentarse claramente. La APA desaconseja esperar que todas las personas atraviesen unas fases determinadas. ([APA][1])

¿Puedo volver a sentir tristeza después de haber estado mejor?

Sí. Recuerdos, aniversarios y otras situaciones significativas pueden reactivar emociones relacionadas con la pérdida. Eso no implica automáticamente un retroceso. ([APA][8])

¿Tener días buenos significa que ya he superado el duelo?

No necesariamente. Los modelos contemporáneos describen una alternancia entre momentos orientados hacia la pérdida y momentos dedicados a reconstruir y continuar con la vida. ([PubMed][7])

¿Existe un tiempo normal para superar un duelo?

No existe una duración universal. La APA señala que no hay un periodo «normal» único aplicable a todas las personas. ([APA][1])

¿Aceptar una pérdida significa dejar de echar de menos?

No. Incorporar la realidad de una pérdida y continuar viviendo no exige eliminar recuerdos, afecto o emociones relacionadas con la persona perdida.

¿Duelo y depresión son lo mismo?

No. Pueden compartir determinados síntomas y coexistir, pero son fenómenos diferentes. Una evaluación profesional es necesaria cuando existen dudas o un deterioro importante. ([Psiquiatría][6])

¿Qué es el trastorno de duelo prolongado?

Es un trastorno reconocido por DSM-5-TR y por ICD-11 en el que, tras la muerte de una persona cercana, persisten síntomas intensos asociados al duelo que provocan sufrimiento o deterioro significativo y exceden las normas sociales, culturales o religiosas aplicables. No se diagnostica simplemente porque una persona siga echando de menos a alguien. ([Psiquiatría][10])