Capítulo 10

Decidir elegirse

Este capítulo nos invita a reflexionar sobre la importancia de elegirnos a nosotros mismos, dejando de lado la idea de que es egoísta. Nos anima a incluirnos en nuestras propias vidas, recuperando nuestra voz y nuestras necesidades.

Recurso práctico de respiración consciente

Este capítulo cuenta con un recurso de respiración consciente dentro del Bloque 25 de Universo Tú. Puedes practicar una semana completa o ir directamente a la rutina que más encaje con lo que estás viviendo.

DECIDIR ELEGIRSE: CUANDO VOLVER A TI DEJA DE SER UNA DEUDA PENDIENTE

Bienvenidos a Universo Tú con Dani Marty.

Ese lugar donde venimos a mirar hacia dentro con calma, con cariño y, si puede ser, sin tratarnos como si fuéramos siempre la última opción de nuestra propia vida, porque a veces cuidamos a medio universo, respondemos a todo el mundo, sostenemos lo imposible y, cuando nos toca preguntarnos qué necesitamos nosotros, aparece un silencio que parece una sala de espera vacía.

Hoy cerramos el Bloque 6 de Universo Tú, dedicado a las decisiones.

Y después de haber hablado de decidir desde el miedo, desde el amor, desde la culpa, desde la libertad, de decidir quedarse, de decidir irse, de decidir empezar de nuevo, de decidir poner límites y de decidir perdonar, llegamos a una decisión que atraviesa todas las anteriores:

Decidir elegirse.

Elegirse.

Una palabra que puede sonar sencilla.

Pero que muchas veces cuesta muchísimo.

Porque elegirse no siempre ha sido fácil.

Para algunas personas, elegirse suena a egoísmo.

A frialdad.

A dejar de cuidar.

A fallar a otros.

A ponerse por encima.

A romper una imagen.

A decepcionar.

A dejar de ser quien los demás esperaban.

Pero en Universo Tú, decidir elegirse no se mira como un acto de egoísmo.

Se mira como una forma de regreso.

Regreso a la propia voz.

Regreso al propio cuerpo.

Regreso a la propia dignidad.

Regreso a las necesidades que llevaban tiempo esperando.

Regreso a una verdad que quizá habíamos dejado demasiado abajo en la lista.

Elegirse no significa pensar solo en uno mismo.

No significa usar a los demás.

No significa dejar de amar.

No significa romperlo todo.

No significa vivir sin responsabilidad.

No significa convertir nuestro deseo en una ley absoluta.

Elegirse significa dejar de desaparecer.

Significa recordar que nuestra vida también nos pertenece.

Significa dejar de vivir siempre al final de nuestras propias prioridades.

Significa preguntarnos:

¿Qué necesito?

¿Qué siento?

¿Qué quiero cuidar?

¿Qué no puedo seguir sosteniendo?

¿Qué parte de mí lleva demasiado tiempo esperando permiso?

¿Qué decisión tomaría si mi dignidad también contara?

Elegirse no es negar a los demás.

Es incluirnos.

Y esto cambia mucho.

Porque muchas veces hemos aprendido a vivir hacia fuera.

Pendientes de lo que otros esperan.

Pendientes de no molestar.

Pendientes de ser útiles.

Pendientes de que nadie se enfade.

Pendientes de responder.

Pendientes de sostener.

Pendientes de cuidar.

Pendientes de cumplir.

Y sin darnos cuenta, vamos quedando fuera de nuestra propia vida.

Estamos presentes para todos, pero ausentes para nosotros.

Escuchamos a todos, pero no nos escuchamos.

Cuidamos a todos, pero nos hablamos con dureza.

Damos espacio a todos, pero no nos damos descanso.

Acompañamos a todos, pero nos dejamos solos por dentro.

Y un día aparece una pregunta:

¿Cuándo me toca volver a mí?

Esa pregunta puede doler.

Porque nos muestra todo lo que hemos ido postergando.

La voz que callamos.

El cuerpo que ignoramos.

El cansancio que normalizamos.

El deseo que escondimos.

El límite que no pusimos.

La tristeza que tapamos.

La rabia que tragamos.

La ilusión que dejamos para después.

Elegirse empieza muchas veces cuando reconocemos que llevamos demasiado tiempo abandonándonos.

No siempre de forma evidente.

No siempre con grandes gestos.

A veces nos abandonamos en lo pequeño.

Cada vez que decimos sí queriendo decir no.

Cada vez que callamos una verdad importante.

Cada vez que nos exigimos más cuando ya no podemos.

Cada vez que justificamos lo que nos duele.

Cada vez que aceptamos migajas de cuidado.

Cada vez que nos quedamos en un lugar donde no podemos respirar.

Cada vez que pedimos perdón por necesitar.

Cada vez que creemos que nuestro valor depende de no fallar nunca.

Elegirse es empezar a interrumpir ese abandono.

No de golpe.

No perfecto.

No sin miedo.

Pero interrumpirlo.

Decir:

Hasta aquí.

Yo también importo.

Mi paz también cuenta.

Mi voz también merece lugar.

Mi cuerpo también necesita descanso.

Mi vida no puede seguir funcionando solo para no decepcionar a nadie.

Elegirse puede parecer una decisión individual, pero en realidad toca todos nuestros vínculos.

Porque cuando una persona empieza a elegirse, todo se recoloca.

La forma de amar cambia.

La forma de quedarse cambia.

La forma de irse cambia.

La forma de perdonar cambia.

La forma de poner límites cambia.

La forma de trabajar cambia.

La forma de responder cambia.

La forma de mirar el pasado cambia.

Porque ya no decidimos solo desde la necesidad de aprobación.

Ya no decidimos solo desde el miedo a perder.

Ya no decidimos solo desde la culpa.

Ya no decidimos solo desde la obligación.

Empezamos a preguntarnos:

¿Dónde estoy yo en esta decisión?

Y esa pregunta puede ser revolucionaria.

Porque si nunca nos hemos incluido, incluirnos puede parecer peligroso.

Puede aparecer culpa.

Puede aparecer miedo.

Puede aparecer una voz interna diciendo:

No seas egoísta.

No exageres.

No pidas tanto.

No incomodes.

No cambies.

No te pongas por delante.

No falles.

No decepciones.

Pero elegirse no significa ponerse siempre por delante de todos.

Significa dejar de ponerse siempre detrás.

Hay una diferencia enorme.

Ponerse siempre por delante puede ser egoísmo.

Ponerse siempre detrás puede ser abandono propio.

Elegirse busca otro lugar.

Un lugar donde podamos cuidar sin desaparecer.

Amar sin perder el centro.

Dar sin quedarnos vacíos.

Escuchar sin callarnos siempre.

Acompañar sin cargar con todo.

Ser responsables sin convertirnos en prisioneros.

Elegirse también implica reconocer que no podemos vivir todas las vidas que otros esperan de nosotros.

No podemos ser siempre la persona fuerte.

La persona disponible.

La persona correcta.

La persona que nunca falla.

La persona que siempre entiende.

La persona que no necesita nada.

La persona que se adapta a todo.

La persona que no da problemas.

La persona que sostiene la paz a costa de su verdad.

A veces elegirse es dejar caer ese personaje.

Y dejar caer un personaje puede dar miedo.

Porque quizá ese personaje nos dio lugar.

Nos dio aceptación.

Nos dio reconocimiento.

Nos dio una forma de sentirnos queridos.

Si fuimos útiles, nos valoraban.

Si fuimos buenos, nos aprobaban.

Si fuimos fuertes, confiaban en nosotros.

Si no molestábamos, todo estaba tranquilo.

Pero una cosa es tener cualidades.

Y otra es quedar atrapados en ellas.

Podemos ser generosos sin vivir agotados.

Podemos ser responsables sin cargar con lo que no nos corresponde.

Podemos ser comprensivos sin justificarlo todo.

Podemos ser fuertes y necesitar ayuda.

Podemos cuidar y poner límites.

Podemos amar y elegirnos.

El problema no es cuidar.

El problema es desaparecer cuidando.

El problema no es amar.

El problema es dejar de existir dentro del amor.

El problema no es ser responsable.

El problema es convertir la responsabilidad en una condena.

Elegirse nos invita a revisar todo eso.

A preguntarnos:

¿Qué papel estoy ocupando para no perder amor?

¿Qué imagen estoy sosteniendo para no decepcionar?

¿Qué parte de mí he dejado fuera para seguir siendo aceptado?

¿Qué verdad llevo tiempo evitando porque cambiaría demasiadas cosas?

En Universo Tú, elegirse no se mira como una frase bonita.

Se mira como una práctica.

Porque elegirse no ocurre solo en una gran decisión.

Ocurre en lo cotidiano.

En cómo nos hablamos.

En cómo descansamos.

En cómo respondemos.

En qué conversaciones aceptamos.

En qué vínculos alimentamos.

En qué límites sostenemos.

En qué pensamientos dejamos crecer.

En qué lugares seguimos habitando.

En qué verdades dejamos de negar.

Elegirse puede ser levantarse y decidir no insultarse por estar cansado.

Puede ser dejar de responder un mensaje en el momento exacto en que llega.

Puede ser pedir ayuda.

Puede ser no volver a perseguir a quien no cuida.

Puede ser dormir.

Puede ser decir no.

Puede ser decir sí a algo que nos da vida.

Puede ser ir al médico.

Puede ser volver a crear.

Puede ser escribir.

Puede ser caminar.

Puede ser cerrar una puerta.

Puede ser abrir otra.

Puede ser decir:

No puedo seguir así.

O también:

Quiero intentarlo de otra manera.

Elegirse no siempre suena heroico.

A veces suena como una frase pequeña dicha en voz baja:

Hoy no voy a abandonarme.

Y esa frase, si se repite, puede cambiar una vida.

Porque muchas veces no necesitamos una transformación espectacular.

Necesitamos pequeñas decisiones donde dejamos de traicionarnos.

Una tras otra.

Un límite.

Una verdad.

Un descanso.

Una conversación.

Un no.

Un sí.

Una salida.

Una vuelta a casa.

Decidir elegirse también implica aprender a sostener la incomodidad de no gustar a todos.

Esto es difícil.

Porque todos queremos ser queridos.

Todos queremos ser entendidos.

Todos queremos que nuestras decisiones sean recibidas con cariño.

Pero cuando empezamos a elegirnos, no todo el mundo lo va a celebrar.

Algunas personas estaban acostumbradas a nuestra disponibilidad.

Otras a nuestro silencio.

Otras a nuestra culpa.

Otras a nuestra paciencia infinita.

Otras a que no pidiéramos nada.

Otras a que ocupáramos siempre el mismo lugar.

Y cuando nos movemos, algo se mueve también en ellas.

Puede que se incomoden.

Puede que nos juzguen.

Puede que nos digan que hemos cambiado.

Puede que nos retiren aprobación.

Puede que nos hagan sentir culpables.

Y ahí aparece una prueba interna:

¿Voy a volver a abandonarme para recuperar la comodidad de antes?

¿O voy a sostener mi verdad con respeto?

Elegirse no significa no escuchar a nadie.

No significa cerrarnos a toda crítica.

No significa pensar que siempre tenemos razón.

Pero sí significa no entregar nuestra vida entera a la opinión ajena.

Podemos escuchar.

Podemos revisar.

Podemos pedir perdón si hace falta.

Podemos corregir.

Pero no podemos vivir siempre como si los demás tuvieran la autoridad absoluta sobre nuestra existencia.

La vida la vivimos nosotros.

Con nuestro cuerpo.

Con nuestras noches.

Con nuestras consecuencias.

Con nuestro cansancio.

Con nuestras preguntas.

Con nuestra verdad interna.

Y si nosotros no participamos en nuestra vida, alguien o algo decidirá por nosotros.

El miedo.

La culpa.

La costumbre.

La necesidad de aprobación.

Las expectativas.

Las heridas.

Los papeles antiguos.

Elegirse es recuperar participación.

Decir:

Quiero estar presente en mi propia vida.

No quiero vivir solo reaccionando.

No quiero vivir solo obedeciendo.

No quiero vivir solo complaciendo.

No quiero vivir solo sobreviviendo.

Quiero elegir con más conciencia.

Elegirse también implica mirar nuestras heridas.

Porque a veces no nos elegimos porque una herida antigua nos dice que no merecemos.

No merecemos cuidado.

No merecemos descanso.

No merecemos amor.

No merecemos respeto.

No merecemos pedir.

No merecemos salir.

No merecemos empezar de nuevo.

No merecemos una vida más amable.

Y esa voz puede ser muy profunda.

Quizá viene de experiencias donde no fuimos escuchados.

Donde nos hicieron sentir demasiado.

Donde nos compararon.

Donde nos exigieron.

Donde nos enseñaron que el amor había que ganárselo.

Donde aprendimos que para ser queridos teníamos que comportarnos de cierta manera.

Entonces elegirse no es solo una decisión mental.

Es también sanar una creencia.

La creencia de que nuestra vida tiene valor.

De que nuestra voz importa.

De que nuestras necesidades no son una molestia.

De que no tenemos que demostrar todo el tiempo que merecemos un lugar.

Elegirse puede empezar con algo tan profundo como esto:

No tengo que ganarme el derecho a existir.

No tengo que ser perfecto para merecer cuidado.

No tengo que poder con todo para tener valor.

No tengo que desaparecer para ser querido.

Estas frases pueden parecer simples.

Pero para algunas personas son un terremoto interior.

Porque contradicen años de aprendizaje.

Años de adaptación.

Años de vivir intentando merecer.

Elegirse también puede despertar duelo.

Duelo por no habernos elegido antes.

Por el tiempo perdido.

Por las veces que nos callamos.

Por los años en lugares donde nos apagamos.

Por las relaciones donde nos conformamos.

Por las oportunidades que dejamos pasar.

Por las veces que dijimos sí por miedo.

Por las veces que nos abandonamos para no perder a alguien.

Y ese duelo necesita ternura.

No podemos usar el despertar para castigarnos por haber estado dormidos.

Si antes no nos elegimos, quizá fue porque no sabíamos.

Porque no podíamos.

Porque no teníamos fuerza.

Porque no teníamos herramientas.

Porque no era seguro.

Porque teníamos miedo.

Porque una parte de nosotros intentaba protegernos como podía.

Ahora lo vemos.

Y verlo duele.

Pero también abre una posibilidad:

A partir de ahora puedo empezar a volver.

No perfecto.

No siempre.

No sin recaídas.

Pero puedo empezar.

La culpa por no habernos elegido antes no debería convertirse en otra forma de abandono.

Podemos mirar atrás con tristeza.

Pero también con compasión.

Decirnos:

Hice lo que pude con lo que sabía.

Ahora sé más.

Ahora puedo escucharme mejor.

Ahora puedo intentar otra forma.

Eso también es elegirse.

Elegirse también significa dejar de vivir solo desde la deuda.

La deuda emocional.

La deuda con quienes nos ayudaron.

La deuda con quienes esperaban algo.

La deuda con la familia.

La deuda con el pasado.

La deuda con una promesa.

La deuda con una versión antigua de nosotros.

La gratitud es hermosa.

Pero la deuda permanente puede ser una cárcel.

Podemos agradecer sin entregar toda nuestra vida.

Podemos reconocer lo recibido sin renunciar a nuestro camino.

Podemos amar nuestras raíces sin quedarnos atrapados en ellas.

Podemos cuidar vínculos sin vivir obligados a ser siempre la persona que otros necesitan.

Elegirse no borra la gratitud.

La ordena.

Nos permite decir:

Agradezco lo que recibí.

Pero mi vida no puede ser solo pago.

Agradezco el camino.

Pero también necesito caminar.

Agradezco el amor.

Pero no puedo abandonar mi verdad.

Esta diferencia es importante.

Porque muchas personas no se eligen porque sienten que le deben algo a alguien.

Y quizá hay cosas que agradecer.

Pero la vida no debería convertirse en una factura interminable.

Elegirse también implica tomar decisiones difíciles.

No siempre será bonito.

A veces elegirse será poner un límite que alguien no entenderá.

A veces será irse de un lugar que todavía nos importa.

A veces será decir una verdad que cambia una relación.

A veces será dejar de esperar una disculpa.

A veces será cerrar una puerta.

A veces será elegir un camino que otros no aprueban.

A veces será descansar cuando la culpa dice que sigamos.

A veces será dejar de cargar con algo que no nos corresponde.

A veces será aceptar que no podemos salvar a alguien.

Elegirse no siempre trae alivio inmediato.

A veces trae miedo.

Soledad.

Duda.

Culpa.

Pero también puede traer una paz más profunda.

Una paz que dice:

Me duele, pero no me estoy traicionando.

No sé qué pasará, pero estoy volviendo a mí.

Quizá no todos lo entiendan, pero yo necesito dejar de desaparecer.

Esa paz vale mucho.

Porque vivir en contra de uno mismo también duele.

Duele aunque nadie lo vea.

Duele aunque todo parezca correcto.

Duele aunque sigamos funcionando.

Duele aunque seamos útiles.

Duele aunque otros estén contentos.

Por dentro, una vida no elegida se siente prestada.

Como si estuviéramos ocupando un papel que ya no nos pertenece.

Elegirse es dejar de vivir prestados.

Volver a habitar la propia vida.

Con todas sus imperfecciones.

Con todas sus preguntas.

Con toda su complejidad.

En Universo Tú, decidir elegirse también implica entender que no somos responsables de todas las emociones que nuestra elección despierte en los demás.

Somos responsables de la forma en que actuamos.

De cuidar.

De hablar con respeto.

De no hacer daño innecesario.

De asumir consecuencias.

De reparar si corresponde.

Pero no somos responsables de controlar cómo cada persona recibirá nuestra verdad.

No podemos vivir evitando todo malestar ajeno.

Porque entonces nunca tendremos voz.

Nunca cambiaremos.

Nunca pondremos límites.

Nunca nos moveremos.

Nunca saldremos del papel.

Elegirse implica aceptar que algunas decisiones sanas pueden incomodar.

Y eso no las vuelve incorrectas.

Elegirse también pide responsabilidad.

Porque esta palabra, elegirse, puede usarse mal.

Podemos decir “me elijo” para justificar egoísmo.

Para no escuchar.

Para no reparar.

Para no mirar el daño que causamos.

Para hacer lo que queremos sin tener en cuenta a nadie.

Pero eso no es elegirse de forma consciente.

Eso es usar una palabra bonita para evitar responsabilidad.

Elegirse de verdad incluye cuidado.

Incluye conciencia.

Incluye mirada.

Incluye preguntarnos:

¿Estoy cuidando mi vida o estoy huyendo?

¿Estoy poniendo un límite o estoy castigando?

¿Estoy siendo honesto o estoy siendo cruel?

¿Estoy eligiéndome o estoy pasando por encima de alguien?

¿Estoy defendiendo mi dignidad o mi orgullo herido?

La diferencia importa.

Elegirse no nos da permiso para dejar de ser humanos con los demás.

Nos da permiso para no dejar de ser humanos con nosotros.

Ese equilibrio es el camino.

No desaparecer.

Pero tampoco arrasar.

No vivir para complacer.

Pero tampoco vivir sin considerar.

No abandonarnos.

Pero tampoco usar nuestro dolor como excusa para dañar.

Elegirse con madurez es una decisión fina.

Delicada.

Profunda.

No siempre fácil.

Pero necesaria.

Elegirse también significa aprender a escuchar el cuerpo.

Porque el cuerpo muchas veces sabe cuándo nos estamos perdiendo.

Se tensa.

Se apaga.

Se cansa.

Se contrae.

Pierde alegría.

Pierde descanso.

Pierde deseo.

Pierde aire.

A veces el cuerpo lleva tiempo diciendo:

No puedo más.

Y nosotros seguimos insistiendo.

Con la cabeza.

Con la obligación.

Con la culpa.

Con el miedo.

Con el “tengo que”.

Elegirse puede ser escuchar esa señal antes de rompernos.

Preguntar:

¿Qué me está diciendo mi cuerpo sobre esta vida?

¿Qué estoy forzando?

¿Qué estoy sosteniendo que ya no puedo sostener?

¿Qué necesito cuidar?

¿Qué parte de mí pide descanso, límite o cambio?

No todo se resuelve escuchando el cuerpo, pero ignorarlo durante años tampoco es vida.

Elegirse también significa reconciliarnos con nuestras necesidades.

Necesitar no es fallar.

Necesitar descanso.

Necesitar afecto.

Necesitar silencio.

Necesitar ayuda.

Necesitar espacio.

Necesitar verdad.

Necesitar cuidado.

Necesitar un límite.

Necesitar una conversación.

Necesitar un cambio.

Todo eso forma parte de ser humanos.

Pero a veces vivimos como si necesitar fuera una vergüenza.

Como si tuviéramos que poder solos.

Como si pedir fuera molestar.

Como si descansar fuera debilidad.

Como si decir “esto me duele” fuera exagerar.

Elegirse es dejar de tratar nuestras necesidades como enemigas.

No siempre podremos atenderlas todas de inmediato.

Pero podemos escucharlas.

Podemos reconocerlas.

Podemos darles un lugar.

Y ese lugar ya cambia algo.

Porque una necesidad negada no desaparece.

Se convierte en tensión.

En tristeza.

En rabia.

En cansancio.

En resentimiento.

En vacío.

Elegirse es permitir que lo que sentimos tenga voz antes de convertirse en grito.

Elegirse también puede significar revisar qué relaciones nos permiten ser nosotros.

Hay vínculos donde podemos respirar.

Donde podemos hablar.

Donde podemos cambiar.

Donde nuestros límites son respetados.

Donde no tenemos que actuar todo el tiempo.

Donde hay reciprocidad.

Donde nuestra alegría tiene lugar.

Donde nuestra tristeza no molesta.

Donde nuestra verdad no se castiga.

Y hay vínculos donde solo podemos pertenecer si nos reducimos.

Si callamos.

Si cedemos.

Si somos útiles.

Si no pedimos.

Si no cambiamos.

Si no ponemos límites.

Elegirse implica mirar eso.

No para juzgar a todo el mundo.

Sino para entender dónde nuestra vida crece y dónde se apaga.

No todos los vínculos tienen que ocupar el mismo lugar.

Algunos merecen intimidad.

Otros distancia.

Otros límites.

Otros gratitud y cierre.

Otros una conversación pendiente.

Otros una despedida.

Elegirse también significa ordenar el mapa de nuestros vínculos.

Porque no todo el mundo puede tener acceso al centro de nuestra vida.

El centro debe cuidarse.

El centro es donde vive lo más sensible.

Nuestra paz.

Nuestra dignidad.

Nuestra voz.

Nuestra verdad.

Elegirse también es aprender a proteger ese centro.

No con muros que nos aíslen de todo.

Con puertas.

Puertas que se abren con respeto.

Puertas que se cierran cuando algo no cuida.

Puertas que no entregamos por culpa.

Puertas que no dejamos abiertas por miedo a perder amor.

Elegirse es aprender a ser casa para nosotros.

Y una casa necesita cuidado.

Necesita orden.

Necesita descanso.

Necesita luz.

Necesita silencio.

Necesita que no entre cualquiera rompiéndolo todo.

Elegirse también implica mirar nuestros sueños.

No solo los grandes sueños.

También los pequeños deseos que nos devuelven vida.

A veces elegirse es volver a cantar.

Volver a escribir.

Volver a estudiar.

Volver a caminar.

Volver a crear.

Volver a viajar.

Volver a cuidar una ilusión.

Volver a preguntarnos qué nos mueve.

Porque una vida sin espacio para el deseo propio puede volverse muy funcional, pero muy apagada.

Cumplimos.

Trabajamos.

Respondemos.

Resolvemos.

Pero no vivimos del todo.

Elegirse no significa perseguir cualquier deseo sin conciencia.

Significa dejar de enterrar sistemáticamente todo lo que nos da vida.

Preguntarnos:

¿Qué parte de mí quiere volver a vivir?

¿Qué deseo lleva tiempo esperando?

¿Qué ilusión he dejado para después tantas veces que casi la olvidé?

¿Qué pequeño gesto podría devolverme energía?

A veces elegirse es abrir un espacio para eso.

No para abandonar todo.

Sino para recordar que también somos vida, no solo obligación.

Elegirse también significa aceptar que quizá no gustaremos a nuestra versión antigua.

Esa versión acostumbrada a aguantar puede sentir miedo.

Esa versión acostumbrada a complacer puede sentirse culpable.

Esa versión acostumbrada a no pedir puede sentirse incómoda.

Esa versión acostumbrada a sobrevivir puede desconfiar de la calma.

Por eso, cuando empezamos a elegirnos, no todo dentro de nosotros aplaude.

Una parte quiere avanzar.

Otra quiere volver a lo conocido.

Y esto es normal.

No somos una sola voz.

Somos muchas partes conversando.

La parte que quiere libertad.

La parte que tiene miedo.

La parte que desea amor.

La parte que teme perderlo.

La parte que quiere descansar.

La parte que cree que descansar es fallar.

Elegirse no significa eliminar esas partes.

Significa escucharlas sin dejar que la más asustada dirija toda la vida.

Podemos decir:

Entiendo que tengas miedo.

Entiendo que te sientas culpable.

Entiendo que quieras volver a lo de siempre.

Pero también necesito cuidarme.

También necesito vivir.

También necesito dejar de abandonarme.

Esta conversación interna puede ser muy sanadora.

Porque elegirse no tiene que ser una guerra contra nosotros.

Puede ser una reunión interior donde por fin nuestra verdad tiene asiento.

Decidir elegirse también requiere paciencia.

No vamos a pasar de abandonarnos durante años a elegirnos perfectamente en una semana.

Habrá recaídas.

Volveremos a decir sí cuando queríamos decir no.

Volveremos a callar alguna vez.

Volveremos a sentir culpa.

Volveremos a dudar.

Volveremos a pedir perdón de más.

Volveremos a caer en viejos papeles.

Pero ahora podemos darnos cuenta antes.

Y volver.

Elegirse es volver.

Una y otra vez.

Volver después de perdernos.

Volver después de fallar.

Volver después de ceder.

Volver después de una etapa difícil.

Volver después de una relación donde nos alejamos de nosotros.

Volver después de un miedo.

Volver después de una culpa.

No se trata de no perdernos nunca.

Se trata de no quedarnos perdidos.

Y eso es precioso.

Porque nos quita la exigencia de hacerlo perfecto.

Nos devuelve una posibilidad humana:

Puedo regresar a mí.

Cada vez que me doy cuenta.

Puedo regresar.

Elegirse también puede cambiar la forma en que perdonamos.

Porque cuando no nos elegimos, perdonamos a veces para que no nos abandonen.

Perdonamos para evitar conflicto.

Perdonamos para mantener la imagen.

Perdonamos porque sentimos culpa.

Pero cuando nos elegimos, el perdón cambia.

Puede seguir existiendo.

Pero ya no implica negar lo que pasó.

Ya no implica volver sin límites.

Ya no implica entregar la herida a quien no la cuidó.

Perdonar desde el elegirse puede decir:

Suelto el daño, pero no me traiciono.

No quiero vivir atado al pasado, pero tampoco voy a negar mi verdad.

Te perdono, pero me cuido.

Esto también es importante.

Elegirse no está separado de los demás capítulos.

Elegirse atraviesa todo.

Decidir desde el miedo cambia cuando nos elegimos.

Porque dejamos de dejar que el miedo mande siempre.

Decidir desde el amor cambia cuando nos elegimos.

Porque el amor también nos incluye.

Decidir desde la culpa cambia cuando nos elegimos.

Porque dejamos de confundir ser buenos con abandonarnos.

Decidir desde la libertad cambia cuando nos elegimos.

Porque la libertad se vuelve más real.

Decidir quedarse cambia cuando nos elegimos.

Porque nos quedamos solo donde podemos seguir siendo.

Decidir irse cambia cuando nos elegimos.

Porque nos vamos cuando permanecer nos destruye.

Decidir empezar de nuevo cambia cuando nos elegimos.

Porque no empezamos desde la huida, sino desde la verdad.

Decidir poner límites cambia cuando nos elegimos.

Porque el límite deja de sentirse como crimen y empieza a sentirse como cuidado.

Decidir perdonar cambia cuando nos elegimos.

Porque perdonar ya no significa desaparecer.

Por eso este capítulo cierra el bloque.

Porque elegirnos es la raíz de muchas decisiones conscientes.

No para vivir aislados.

No para volvernos duros.

No para dejar de amar.

Sino para amar desde un lugar donde también existimos.

En Universo Tú, decidir elegirse es una invitación a mirar nuestra vida con una pregunta sencilla y profunda:

¿Estoy dentro de mis propias decisiones?

¿O estoy viviendo como respuesta al miedo, la culpa, la costumbre o la expectativa?

Esa pregunta puede iluminar muchas cosas.

Puede iluminar un vínculo.

Un trabajo.

Una conversación.

Una forma de descansar.

Una forma de amar.

Una forma de quedarnos.

Una forma de irnos.

Una forma de perdonar.

Una forma de empezar.

Elegirse no siempre nos dará respuestas inmediatas.

Pero nos devuelve una brújula.

La brújula de la dignidad.

De la verdad.

Del cuidado.

De la vida que no quiere seguir siendo postergada.

A veces elegirse empieza con una decisión grande.

Pero muchas veces empieza con una frase:

No quiero seguir abandonándome.

Y desde ahí, poco a poco, la vida empieza a moverse.

Hoy la pregunta es esta:

¿Qué parte de ti lleva demasiado tiempo esperando que por fin la elijas?

Y otra más íntima:

¿Qué decisión tomarías si dejaras de tratarte como la última opción?

No hace falta responder rápido.

A veces una buena pregunta necesita caminar un rato dentro de nosotros.

O sentarse en silencio.

O mirarnos con un poco más de ternura.

O decirnos, quizá por primera vez en mucho tiempo:

Yo también importo.

Esto es Universo Tú con Dani Marty.

Un espacio para escuchar lo que sentimos, mirar nuestras decisiones y convertirlas en conversación.

Gracias por acompañarme en este décimo capítulo del Bloque 6.

Nos volvemos a ver en Universo Tú en el próximo bloque, donde seguiremos abriendo preguntas para conocernos, entendernos y elegirnos con más verdad.

Elegirse significa dejar de desaparecer. Significa recordar que nuestra vida también nos pertenece.

Rutinas recomendadas

Rutina: Decidir elegirse

Idea principal

Elegirse es un acto de auto-recuperación y autorrespeto, esencial para dejar de vivir al final de nuestras propias prioridades e incluirnos conscientemente en nuestra existencia, sin que signifique egoísmo.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa decidir elegirse en la vida cotidiana?
Elegirse es un acto de auto-recuperación y autorrespeto, esencial para dejar de vivir al final de nuestras propias prioridades e incluirnos conscientemente en nuestra existencia, sin que signifique egoísmo. En la vida cotidiana, este tema puede observarse en la forma de sentir, decidir, cuidarse y relacionarse con uno mismo y con los demás. Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye el consejo, diagnóstico ni tratamiento de un profesional cualificado.
¿Cómo puedo reconocer decidir elegirse en mí?
Puedes reconocerlo observando señales internas como pensamientos repetidos, emociones, hábitos, reacciones corporales o formas de vincularte. La clave no es juzgar lo que aparece, sino mirarlo con calma y ponerle palabras. Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye el consejo, diagnóstico ni tratamiento de un profesional cualificado.
¿Por qué es importante comprender decidir elegirse?
Comprender este tema ayuda a tomar distancia, ordenar la experiencia y responder con más conciencia en lugar de actuar solo desde el impulso, el miedo o la exigencia. También permite cuidar mejor los propios límites y necesidades. Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye el consejo, diagnóstico ni tratamiento de un profesional cualificado.
¿Qué puede ayudarme a trabajar decidir elegirse de forma amable?
Puede ayudar detenerse, escuchar el cuerpo, escribir lo que ocurre, pedir apoyo cuando sea necesario y avanzar con pasos pequeños. El cambio profundo suele empezar cuando dejamos de pelearnos con lo que sentimos y empezamos a comprenderlo. Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye el consejo, diagnóstico ni tratamiento de un profesional cualificado.
¿Qué relación tiene decidir elegirse con las decisiones?
Dentro de Las decisiones, este capítulo funciona como una puerta de entrada para conectar el tema con el autocuidado, la conciencia personal y una forma más respetuosa de habitar la propia historia. Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye el consejo, diagnóstico ni tratamiento de un profesional cualificado.

Referencias

  1. Organización Mundial de la Salud — bienestar y salud mental
  2. American Psychological Association — recursos de psicología
  3. Mayo Clinic — hábitos saludables y bienestar
  4. Harvard Health Publishing — salud y bienestar