
Temporada 5 · Bloque 44
Capítulo 09
Adicciones en jóvenes: señales, familia y prevención
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Prácticas guiadas
Cada práctica incluye un mapa de acción para verlo de un vistazo y una guía completa para trabajarla con calma. Puedes hacerlas en el orden que prefieras.
Práctica 9
Hablar sin interrogar ni culpabilizar
Preparar una conversación familiar centrada en hechos, cuidado y ayuda.
Pulsa el mapa para verlo ampliado.
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Referencias
Ayuda pública
Dónde pedir ayuda pública
Servicios oficiales y gratuitos de orientación, atención o emergencia.
Si necesitas ayuda ahora
Emergencias 112 · Comunitat Valenciana
Ante una intoxicación, una sobredosis o cualquier peligro inmediato, llama al 112.
- 112 EmergenciasLlamada gratuita
24 horas
116 111 · Teléfono de Atención a la Infancia · Comunitat Valenciana
El 116111 ofrece atención gratuita y confidencial cuando un menor necesita ayuda o cuando una persona adulta detecta riesgo, desprotección, violencia, abandono o una situación familiar grave. Puede orientar también ante consumos que estén poniendo en peligro al menor. No sustituye el tratamiento sanitario de una adicción.
- 116 111 · Teléfono Infancia CVLlamada gratuita
24 horas
Castellón de la Plana
UPCCA Castelló · Prevención de conductas adictivas
Castellón de la Plana
Servicio municipal de prevención y orientación sobre alcohol, drogas y otras conductas adictivas. Trabaja con jóvenes, familias, centros educativos y comunidad. Puede orientar ante consumos iniciales, dudas familiares o necesidades preventivas. No es un centro de tratamiento ni un servicio de urgencias.
C/ Gaibiel, 4 · 12003 Castelló de la Plana
- UPCCA Castelló · Teléfono964 355 366
- UPCCA Castelló · Correoupc@castello.es
- UPCCA Castelló · UbicaciónC/ Gaibiel, 4 · 12003 Castelló de la Plana
El correo electrónico no es un canal de emergencia y puede no recibir respuesta inmediata.
Comunitat Valenciana
UCA Castelló · Unidad de Conductas Adictivas
Unidad sanitaria pública de Castelló de la Plana
Unidad sanitaria pública para valorar, diagnosticar y tratar problemas relacionados con drogas u otras conductas adictivas, y orientar a las familias. Contacta para confirmar la vía de acceso, solicitar información o cita y comprobar qué recurso corresponde según domicilio y edad. No es un servicio de urgencias.
Avenida Diputación, s/n · 12004 Castelló de la Plana
- UCA Castelló · Cita e información964 738 240
- UCA Castelló · Centro sanitarioAvenida Diputación, s/n · 12004 Castelló de la Plana
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Idea principal
Este capítulo aborda la complejidad de las adicciones en jóvenes, destacando la vulnerabilidad de la adolescencia, cómo diferenciar entre experimentación y adicción, las señales de alerta para la familia y la interconexión con la salud mental. Se enfatiza el rol protector de la familia y la necesidad de ayuda profesional sin juicios.
Preguntas frecuentes
- No. Es una señal inespecífica. Conviene observar cambios persistentes y hablar sin acusar antes de extraer conclusiones.
- Elige un momento tranquilo, describe hechos concretos, escucha y expresa preocupación sin interrogar ni amenazar.
- No hace falta esperar para expresar una preocupación. Sí conviene evitar registros invasivos o acusaciones que puedan romper la confianza o aumentar el riesgo.
- Cuando hay riesgo, cambios persistentes, deterioro escolar o social, pérdida de control, problemas de salud o la familia no sabe cómo continuar.
¿Un cambio de humor demuestra que un joven consume drogas?
¿Cómo iniciar la conversación?
¿Debo esperar a tener pruebas?
¿Cuándo pedir ayuda profesional?
La adolescencia es una etapa de exploración, construcción de identidad, búsqueda de autonomía y mayor influencia del grupo. También es un periodo en el que pueden comenzar el consumo de alcohol, nicotina, cannabis y otras sustancias, así como ciertos comportamientos potencialmente adictivos relacionados con apuestas, videojuegos, redes sociales o uso compulsivo de internet.
Hablar de adicciones en jóvenes exige evitar dos errores opuestos: normalizar conductas de riesgo porque “todos lo hacen” y convertir cualquier cambio adolescente en una prueba de adicción.
Una bajada puntual de notas, un cambio de amistades, una discusión familiar o una noche de insomnio no demuestran por sí solos que exista consumo. La preocupación aumenta cuando aparecen varias señales al mismo tiempo, de forma repentina, intensa o mantenida, y cuando comienzan a deteriorarse la salud, la conducta, los estudios, las relaciones o la seguridad del joven.
El objetivo de la familia no debe ser investigar como si estuviera interrogando a un sospechoso. Debe ser detectar pronto, proteger, hablar con claridad, establecer límites y facilitar ayuda profesional.
¿Por qué la adolescencia es una etapa especialmente vulnerable?
La adolescencia no es únicamente una transición social. Es una etapa de desarrollo físico, emocional y cerebral. Durante estos años aumentan la búsqueda de experiencias nuevas, la sensibilidad a la recompensa, la importancia de la aceptación social y la necesidad de independencia.
Esto no significa que todos los adolescentes vayan a consumir ni que quienes experimentan desarrollen una adicción. De hecho, la OMS recuerda que una proporción importante de adolescentes permanece en niveles bajos de consumo o no consume. Sin embargo, también advierte de que el inicio temprano se asocia con mayor riesgo de avanzar hacia consumos intensos y trastornos relacionados con sustancias.
El consumo de alcohol y otras drogas durante estas edades puede asociarse con problemas:
- Cognitivos y de atención.
- Emocionales.
- Conductuales.
- Sociales.
- Familiares.
- Académicos.
- De seguridad y accidentalidad.
La Organización Mundial de la Salud señala que el consumo de alcohol y drogas durante la infancia y la adolescencia puede relacionarse con alteraciones neurocognitivas y con dificultades posteriores en el funcionamiento emocional, social y escolar.
El riesgo no depende de una sola causa. Normalmente aparece por la interacción entre vulnerabilidades personales, entorno familiar, grupo de iguales, disponibilidad de sustancias, salud mental, contexto escolar, publicidad, normalización social y acontecimientos vitales.
Experimentación, consumo problemático y adicción no son lo mismo
Para intervenir bien es necesario utilizar las palabras con precisión.
Experimentación
Puede consistir en probar una sustancia una o varias veces por curiosidad, presión social o búsqueda de aceptación. No significa automáticamente que exista dependencia, pero tampoco debe considerarse inocua.
Consumo de riesgo
Existe cuando el consumo aumenta la probabilidad de sufrir daños, aunque todavía no haya una dependencia establecida. Por ejemplo:
- Beber hasta perder el control.
- Mezclar sustancias.
- Conducir o subir a un vehículo con alguien que ha consumido.
- Consumir antes de clase.
- Consumir a solas.
- Utilizar medicamentos sin indicación médica.
- Consumir para afrontar ansiedad, tristeza o insomnio.
- Apostar dinero repetidamente siendo menor.
- Utilizar productos de nicotina de forma diaria.
Consumo problemático
La conducta ya está generando consecuencias visibles: conflictos, incumplimientos, absentismo, problemas económicos, cambios emocionales, accidentes, deterioro académico o aislamiento.
Trastorno adictivo
Implica un patrón persistente en el que la persona tiene dificultades importantes para controlar la conducta, le concede una prioridad creciente y continúa a pesar de las consecuencias.
La adicción no se define por “ser débil” ni por carecer de valores. NIDA la describe como un trastorno crónico caracterizado por la búsqueda y el uso compulsivos de drogas pese a sus efectos perjudiciales.
En los jóvenes, el diagnóstico debe realizarlo un profesional cualificado. La familia puede detectar señales y pedir ayuda, pero no debe etiquetar por su cuenta.
¿Qué adicciones pueden afectar a los jóvenes?
Sustancias
Entre las sustancias que pueden estar presentes en la adolescencia se encuentran:
- Alcohol.
- Tabaco y otros productos con nicotina.
- Cigarrillos electrónicos.
- Cannabis.
- Hipnosedantes o ansiolíticos sin prescripción.
- Estimulantes utilizados sin indicación médica.
- Cocaína.
- MDMA y otras drogas de síntesis.
- Inhalantes.
- Opioides.
- Nuevas sustancias psicoactivas.
Que una sustancia sea legal para adultos, tenga uso médico o esté socialmente normalizada no significa que sea segura para menores.
Adicciones comportamentales
También pueden aparecer problemas relacionados con conductas sin sustancia, especialmente:
- Apuestas deportivas.
- Juegos de azar.
- Casinos y tragaperras en línea.
- Videojuegos.
- Compras dentro de videojuegos.
- Cajas de recompensa o mecanismos similares.
- Uso compulsivo de redes sociales.
- Uso problemático de internet.
No todo uso intenso es una adicción. Deben valorarse la pérdida de control, el deterioro, la prioridad que adquiere la conducta y la continuidad pese al daño.
La OMS reconoce formalmente el trastorno por videojuegos y el trastorno por juego dentro de su clasificación de enfermedades. Esto no significa que jugar o usar videojuegos sea patológico por sí mismo, sino que existe un problema cuando el patrón produce deterioro clínicamente significativo.
Señales de alerta: qué observar realmente
No existe una señal única que confirme una adicción. Algunas conductas pueden deberse a cambios propios de la adolescencia, estrés escolar, acoso, depresión, ansiedad, duelo, problemas familiares, TDAH, trastornos de la conducta alimentaria o dificultades sociales.
La sospecha es mayor cuando:
- Aparecen varias señales simultáneamente.
- Surgen de forma brusca.
- Son intensas.
- Se mantienen durante semanas.
- El joven deja de funcionar como antes.
- Existen pruebas objetivas de consumo, apuestas o pérdidas de dinero.
SAMHSA señala que algunos indicadores pueden parecer cambios normales de crecimiento, por lo que deben interpretarse especialmente cuando se presentan juntos, aparecen de forma repentina o resultan extremos.
Cambios emocionales
- Irritabilidad intensa o imprevisible.
- Cambios bruscos de humor.
- Ansiedad nueva o creciente.
- Apatía.
- Tristeza persistente.
- Agresividad.
- Desconfianza extrema.
- Pérdida de motivación.
- Reacciones desproporcionadas ante preguntas sencillas.
- Necesidad constante de aislamiento.
- Sensación de vacío o desesperanza.
Cambios en la conducta
- Mentiras repetidas sobre dónde ha estado o con quién.
- Incumplimiento creciente de horarios.
- Salidas inexplicadas.
- Desapariciones durante horas.
- Conductas más impulsivas o arriesgadas.
- Pérdida de interés por actividades anteriores.
- Abandono de responsabilidades.
- Ocultación del teléfono o de movimientos económicos.
- Uso de ambientadores, perfumes o colirios para disimular.
- Llegar a casa con signos de intoxicación.
- Problemas frecuentes con normas o autoridades.
Cambios escolares
- Descenso marcado del rendimiento.
- Absentismo.
- Retrasos repetidos.
- Expulsiones.
- Pérdida de concentración.
- Abandono repentino de estudios o actividades.
- Conflictos con profesores.
- Dormirse en clase.
- Falta de entrega de trabajos.
- Cambio radical en el grupo de amistades acompañado de otras señales.
Un mal resultado académico aislado no demuestra consumo. La preocupación aumenta cuando el deterioro es claro, se mantiene y coincide con otros cambios.
Cambios físicos
- Ojos enrojecidos o pupilas anormalmente dilatadas o contraídas.
- Olor a alcohol, humo u otras sustancias.
- Alteraciones importantes del sueño.
- Somnolencia inusual.
- Agitación.
- Temblores.
- Cambios marcados de apetito.
- Pérdida o aumento de peso.
- Deterioro de la higiene.
- Náuseas o vómitos repetidos sin explicación.
- Sangrados nasales frecuentes.
- Lesiones o accidentes inexplicados.
- Habla pastosa.
- Falta de coordinación.
- Deterioro de la memoria reciente.
Estas señales también pueden aparecer por enfermedades, medicamentos o problemas de salud mental. No deben interpretarse de forma aislada.
Señales económicas
- Dinero que desaparece del hogar.
- Solicitudes continuas de efectivo sin explicación.
- Venta de objetos personales.
- Cargos desconocidos en tarjetas.
- Compras dentro de aplicaciones.
- Deudas con amigos.
- Uso de cuentas ajenas.
- Apuestas ocultas.
- Necesidad urgente de recuperar dinero perdido.
- Robo de objetos para venderlos.
Objetos o rastros que pueden generar sospecha
- Botellas escondidas.
- Vaporizadores o líquidos de nicotina.
- Papel de fumar.
- Bolsitas, envoltorios o comprimidos sin identificar.
- Mecheros en contextos donde no existe otra explicación.
- Restos de polvo.
- Tubos, pipas u otros utensilios.
- Aplicaciones de apuestas.
- Movimientos bancarios hacia plataformas de juego.
- Medicamentos que desaparecen del botiquín.
Encontrar uno de estos objetos justifica una conversación y una comprobación, pero no autoriza a sacar conclusiones precipitadas sobre la gravedad.
Señales específicas de pérdida de control
Más allá de detectar si ha probado una sustancia, la familia debe observar si el consumo o la conducta está ganando terreno.
Las señales más preocupantes son:
- Consumir o jugar cada vez con mayor frecuencia.
- Necesitar más cantidad, más tiempo o más dinero.
- No lograr reducirlo.
- Prometer que dejará de hacerlo y volver a repetirlo.
- Pensar constantemente en la siguiente ocasión.
- Sentirse muy irritable o ansioso cuando no puede consumir o jugar.
- Abandonar actividades que antes disfrutaba.
- Consumir a solas.
- Consumir por la mañana.
- Usar sustancias para dormir, relajarse, socializar o estudiar.
- Continuar pese a castigos, peleas, accidentes o problemas médicos.
- Mentir sistemáticamente para proteger la conducta.
- Priorizarla por encima de la familia, los estudios o las amistades.
- Negar problemas evidentes.
NIDA recomienda prestar atención a consecuencias como dificultades en la escuela, problemas en las relaciones, cambios en la apariencia física y alteraciones de la energía o la motivación.
Salud mental y adicciones: una relación que no debe ignorarse
El consumo puede coexistir con:
- Depresión.
- Ansiedad.
- TDAH.
- Trauma.
- Acoso escolar.
- Autolesiones.
- Trastornos de la conducta.
- Trastornos alimentarios.
- Psicosis.
- Problemas de sueño.
- Dificultades del neurodesarrollo.
- Conflictos familiares graves.
A veces el joven consume para intentar calmar síntomas previos. En otras ocasiones, el consumo los agrava o desencadena nuevos problemas. Ambas situaciones pueden aparecer simultáneamente.
La OMS estima que aproximadamente uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años presenta algún trastorno mental, y sitúa la depresión, la ansiedad y los trastornos de conducta entre las principales causas de enfermedad y discapacidad durante estas edades.
Por eso no basta con preguntar: “¿Qué estás tomando?”. También es necesario explorar:
- ¿Qué te ocurre?
- ¿Qué intentas aliviar?
- ¿Desde cuándo te sientes así?
- ¿Te están acosando?
- ¿Tienes miedo?
- ¿Duermes?
- ¿Has pensado en hacerte daño?
- ¿Te sientes capaz de dejarlo?
- ¿Alguien te está presionando o amenazando?
Tratar únicamente el consumo sin atender la salud mental puede dejar intacta una de las causas que lo mantiene.
Factores que aumentan el riesgo
Ningún factor condena por sí mismo a desarrollar una adicción. Tener antecedentes familiares, dificultades escolares o problemas emocionales no significa que el joven vaya a consumir. El riesgo aumenta por acumulación e interacción.
Factores personales
- Inicio precoz del consumo.
- Impulsividad elevada.
- Dificultades para regular emociones.
- Baja percepción del riesgo.
- Problemas de conducta.
- Sensación persistente de fracaso.
- Trauma.
- Ansiedad o depresión sin tratar.
- TDAH sin apoyo adecuado.
- Necesidad intensa de pertenencia.
- Baja tolerancia a la frustración.
- Búsqueda constante de sensaciones.
Factores familiares
- Consumo problemático dentro del hogar.
- Normas inexistentes o contradictorias.
- Conflicto constante.
- Violencia.
- Falta de supervisión.
- Ausencia de comunicación.
- Disponibilidad fácil de alcohol, medicamentos o dinero.
- Normalización de embriagueces o apuestas.
- Negligencia.
- Expectativas imposibles.
- Falta de apoyo emocional.
Factores escolares y sociales
- Fracaso o desvinculación escolar.
- Acoso.
- Exclusión.
- Grupo de iguales consumidor.
- Presión social.
- Acceso fácil a sustancias.
- Pobreza o exclusión social.
- Falta de oportunidades.
- Entornos donde el consumo se presenta como norma.
- Publicidad y promoción de productos adictivos.
- Acceso digital a apuestas y compras.
La prevención eficaz no consiste en buscar una causa única, sino en reducir vulnerabilidades y fortalecer factores protectores en la persona, la familia, la escuela y la comunidad.
Factores de protección
Los factores protectores no garantizan que nunca exista consumo, pero reducen la vulnerabilidad y facilitan una respuesta temprana.
Entre ellos se encuentran:
- Vínculo estable con adultos de confianza.
- Comunicación familiar frecuente.
- Normas claras y coherentes.
- Supervisión acorde con la edad.
- Expectativas realistas.
- Participación en actividades significativas.
- Conexión con la escuela.
- Habilidades para rechazar presión social.
- Regulación emocional.
- Acceso a atención psicológica.
- Buenas rutinas de sueño.
- Ocio saludable.
- Sentimiento de pertenencia.
- Información veraz.
- Retraso en la edad de inicio.
- Disponibilidad limitada de alcohol, nicotina y medicamentos.
SAMHSA destaca la importancia de una relación abierta y sólida entre menores y cuidadores, así como de comenzar las conversaciones sobre alcohol y otras drogas antes de que se produzca la exposición.
El papel de la familia: ni vigilancia total ni permisividad
La familia no puede controlar cada decisión del joven, pero sí puede construir un entorno que reduzca riesgos.
Su papel incluye:
- Mantener el vínculo.
- Observar cambios.
- Hablar con claridad.
- Establecer normas.
- No facilitar sustancias ni dinero para consumir.
- Proteger a hermanos menores.
- Pedir valoración profesional.
- Coordinarse con el centro educativo cuando sea necesario.
- Actuar ante situaciones urgentes.
- Mantener límites incluso cuando el joven se enfade.
La prevención familiar no consiste en una única charla dramática. Funciona mejor como una conversación continua, adaptada a la edad, que combine información, escucha, supervisión y límites.
Cómo iniciar la conversación
Elegir el momento
No conviene iniciar una conversación profunda cuando el joven:
- Está intoxicado.
- Está agresivo.
- Acaba de entrar en casa en medio de una discusión.
- Está rodeado de amigos.
- Existe un riesgo inmediato que requiere atención médica.
Debe buscarse un momento relativamente tranquilo, privado y sin interrupciones.
Empezar con hechos observables
Es preferible decir:
“En las últimas tres semanas has faltado cuatro días a clase, ha desaparecido dinero y ayer llegaste sin poder coordinarte. Estoy preocupado y necesitamos hablar de lo que está ocurriendo.”
En lugar de:
“Eres un adicto, un mentiroso y nos estás destrozando.”
La primera frase describe hechos y abre una intervención. La segunda provoca defensa, vergüenza y ruptura.
Preguntas útiles
- ¿Has consumido alcohol, cannabis, nicotina, pastillas u otra sustancia?
- ¿Con qué frecuencia?
- ¿Cuándo fue la última vez?
- ¿Consumes solo o acompañado?
- ¿Has mezclado sustancias?
- ¿Has conducido o subido a un vehículo después de consumir?
- ¿Has tenido pérdidas de memoria?
- ¿Has intentado dejarlo?
- ¿Has pedido dinero o contraído deudas?
- ¿Estás apostando?
- ¿Alguien te obliga a consumir, vender o guardar sustancias?
- ¿Consumes para dormir, estudiar o dejar de sentirte mal?
- ¿Has tenido pensamientos de hacerte daño?
- ¿Te sientes seguro ahora mismo?
Preguntar directamente no “mete ideas” en la cabeza. Permite conocer riesgos que podrían permanecer ocultos.
Qué recomienda hacer el Plan Nacional sobre Drogas
Ante la sospecha o evidencia de consumo, el Plan Nacional sobre Drogas recomienda mantener el autocontrol emocional, dialogar, analizar las circunstancias que condujeron al consumo y ofrecer ayuda, de manera que el joven perciba al adulto como alguien a quien puede recurrir.
Esto no significa ser permisivo.
Escuchar y poner límites son acciones compatibles:
“Quiero entender qué te está pasando y ayudarte. Al mismo tiempo, no vamos a permitir que conduzcas, que haya drogas en casa ni que uses dinero familiar para consumir.”
La familia debe evitar reaccionar exclusivamente desde el miedo, la ira o la humillación.
Lo que la familia no debe hacer
No interrogar durante horas
Las conversaciones interminables suelen terminar en negación, bloqueo o escalada del conflicto.
No ridiculizar
Comentarios como “eres un desastre”, “nos avergüenzas” o “no llegarás a nada” dañan el vínculo y no reducen el consumo.
No amenazar con consecuencias imposibles de cumplir
Las amenazas vacías debilitan la autoridad familiar.
No normalizar
No debe minimizarse una intoxicación, una apuesta grave o la mezcla de sustancias con frases como “son cosas de la edad”.
No encubrir constantemente
Justificar ausencias, pagar todas las deudas, mentir al centro educativo o eliminar repetidamente las consecuencias puede mantener el problema.
No convertir el hogar en una persecución permanente
La supervisión puede ser necesaria, pero debe ser proporcional, explicada y orientada a la protección.
No administrar medicación por cuenta propia
No deben utilizarse tranquilizantes, somníferos o medicamentos de otra persona para intentar controlar al joven.
No obligar a una confesión inmediata
La negativa inicial no elimina la necesidad de valoración. Es posible actuar sobre hechos y riesgos aunque el joven niegue el consumo.
No esperar a que “toque fondo”
La intervención temprana es preferible a esperar una crisis grave.
Normas familiares claras
Las normas deben ser concretas. “Pórtate bien” resulta demasiado ambiguo.
Pueden incluir:
- No conducir después de consumir.
- No subir a un vehículo cuyo conductor haya consumido.
- No introducir sustancias en casa.
- No dar alcohol a menores.
- No utilizar medicamentos sin indicación.
- No apostar dinero.
- No usar tarjetas familiares sin permiso.
- Informar del lugar y la hora de regreso.
- Llamar a la familia si existe peligro, sin temor a que la primera respuesta sea un castigo.
- Cumplir las citas de valoración acordadas.
- Respetar a otros miembros del hogar.
Las consecuencias deben guardar relación con la conducta, ser realistas y mantenerse de forma coherente. El objetivo es aumentar la seguridad, no vengarse.
Prevención que sí tiene sentido
La prevención no debe limitarse a mostrar imágenes extremas o repetir “las drogas son malas”.
Los estándares internacionales de prevención de la OMS y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito respaldan intervenciones adaptadas a la edad, sostenidas en el tiempo y desarrolladas en distintos entornos, como la familia, la escuela y la comunidad.
Información veraz
Los jóvenes deben recibir información clara sobre:
- Efectos reales.
- Riesgos a corto y largo plazo.
- Mezclas peligrosas.
- Intoxicación.
- Dependencia.
- Conducción.
- Consentimiento sexual.
- Riesgos de compartir sustancias o dispositivos.
- Uso no médico de medicamentos.
- Apuestas.
- Presión de grupo.
- Estrategias comerciales dirigidas a captar usuarios.
Exagerar o mentir puede destruir la credibilidad del adulto.
Habilidades personales
La prevención debe reforzar:
- Toma de decisiones.
- Manejo de presión social.
- Regulación emocional.
- Capacidad para pedir ayuda.
- Resolución de conflictos.
- Pensamiento crítico.
- Tolerancia a la frustración.
- Alternativas de ocio.
- Autoestima no basada exclusivamente en la aceptación del grupo.
Supervisión razonable
Saber dónde está el adolescente, con quién y a qué hora regresa no constituye una invasión automática de su intimidad. Es una responsabilidad de cuidado que debe adaptarse progresivamente a la edad y madurez.
Disponibilidad reducida
En casa conviene:
- No dejar medicamentos controlados sin supervisión.
- Vigilar el botiquín.
- No facilitar alcohol.
- No permitir apuestas con cuentas familiares.
- Revisar cargos desconocidos.
- No proporcionar dinero sin conocer su destino cuando existen señales de riesgo.
- No normalizar la embriaguez adulta como forma de diversión inevitable.
Cómo hablar sin provocar un cierre inmediato
SAMHSA recomienda conversaciones frecuentes, claras y adaptadas a la edad, en lugar de esperar a que se produzca una crisis. También destaca que los adultos deben comunicar explícitamente sus expectativas sobre el consumo de alcohol y otras drogas.
Una conversación útil puede seguir esta estructura:
Observar
“He visto que has dejado de ir a entrenar, llegas tarde y faltan pastillas del botiquín.”
Expresar preocupación
“No te lo digo para atacarte. Estoy preocupado por tu seguridad.”
Preguntar directamente
“¿Estás utilizando esas pastillas o alguna otra sustancia?”
Escuchar
Permitir que responda sin interrumpir cada frase.
Marcar límites
“No podemos permitir que sigas utilizando medicación sin control.”
Proponer el siguiente paso
“Hoy vamos a pedir una valoración profesional para entender qué está ocurriendo.”
No siempre habrá una confesión ni un acuerdo inmediato. La conversación puede ser el inicio, no el final, de la intervención.
Cuándo solicitar ayuda profesional
No es necesario que exista una dependencia confirmada para pedir orientación.
Debe consultarse cuando:
- Hay consumo repetido.
- Se sospechan mezclas de sustancias.
- El joven ha sufrido intoxicaciones.
- Existen pérdidas de conocimiento.
- Hay cambios escolares importantes.
- Aparecen robos o deudas.
- Existen apuestas.
- El consumo se utiliza para dormir o regular emociones.
- El joven no logra reducirlo.
- Existe violencia.
- Hay autolesiones.
- Aparecen síntomas psicóticos.
- La familia ya no sabe cómo actuar.
- El joven consume pese a consecuencias claras.
- Existe consumo durante el embarazo.
- Hay conducción o actividades peligrosas.
- Un menor vende, transporta o almacena sustancias.
El primer paso puede darse a través de:
- Pediatría.
- Medicina de familia.
- Salud mental infantojuvenil.
- Psicología clínica.
- Psiquiatría.
- Unidades de conductas adictivas.
- Servicios sociales.
- Orientación escolar.
- Programas especializados en menores y familias.
El Plan Nacional sobre Drogas dispone de un directorio de recursos asistenciales por comunidades autónomas para localizar ayuda cercana.
La evaluación profesional
Una evaluación rigurosa no debe centrarse solo en preguntar qué sustancia consume.
Debe valorar:
- Tipo de sustancia o conducta.
- Cantidad y frecuencia.
- Edad de inicio.
- Vía de administración.
- Contexto del consumo.
- Mezclas.
- Intoxicaciones previas.
- Síntomas de abstinencia.
- Pérdida de control.
- Rendimiento escolar.
- Situación familiar.
- Relaciones sociales.
- Salud física.
- Estado emocional.
- Riesgo suicida.
- Trauma.
- Acoso.
- TDAH.
- Medicación prescrita.
- Conductas sexuales de riesgo.
- Conducción.
- Problemas legales.
- Apuestas y deudas.
- Violencia o explotación.
La intervención debe adaptarse a la edad, al desarrollo, a la gravedad y al entorno familiar.
SAMHSA destaca la utilidad de modelos de atención orientados específicamente a jóvenes y con participación familiar, en lugar de limitarse a trasladar directamente programas diseñados para adultos.
Confidencialidad y participación de la familia
Los adolescentes necesitan un espacio donde puedan hablar con el profesional sin sentirse vigilados en todo momento. La confidencialidad favorece que comuniquen consumo, violencia, sexualidad, autolesiones o problemas emocionales.
Sin embargo, la confidencialidad no es absoluta cuando existe un peligro grave para el propio joven o para otras personas.
El profesional debe explicar:
- Qué información será confidencial.
- Qué situaciones obligan a actuar.
- Qué puede compartirse con la familia.
- Cómo participarán los cuidadores.
- Qué decisiones corresponden al menor según su edad y madurez.
Excluir completamente a la familia puede ser un error cuando esta constituye una fuente importante de apoyo. Pero obligar al joven a revelar cada detalle delante de sus padres también puede cerrar la comunicación.
Qué hacer ante una intoxicación
Debe buscarse atención urgente si el joven presenta:
- Pérdida de conciencia.
- Respiración lenta, irregular o dificultosa.
- Labios azulados o piel muy pálida.
- Convulsiones.
- Dolor torácico.
- Temperatura corporal muy alta.
- Confusión extrema.
- Agitación incontrolable.
- Alucinaciones.
- Vómitos repetidos con somnolencia.
- Caída o golpe en la cabeza.
- Sospecha de mezcla de sustancias.
- Ingesta de comprimidos desconocidos.
- Conducta suicida.
- Incapacidad para mantenerse despierto.
Mientras llega la ayuda
- No dejarlo solo.
- No provocarle el vómito.
- No darle café.
- No meterlo en una ducha fría.
- No obligarlo a caminar.
- Mantener libre la vía aérea.
- Colocarlo de lado si está inconsciente pero respira.
- Informar a emergencias de lo que puede haber tomado.
- Conservar envases, pastillas o sustancias para facilitar su identificación.
- Iniciar reanimación si deja de respirar y se sabe realizar.
El miedo a un castigo no debe retrasar una llamada de emergencia. La prioridad es preservar la vida.
Alcohol: lo normalizado también puede ser peligroso
El alcohol suele aparecer rodeado de mensajes contradictorios. Se presenta como símbolo de diversión, madurez, celebración y pertenencia, aunque su consumo durante la adolescencia puede producir intoxicaciones, accidentes, violencia, problemas académicos y decisiones de riesgo.
La prevención no debe consistir en enseñar a los menores a beber “responsablemente” como si fueran adultos. Debe transmitir que:
- Ser frecuente no significa ser seguro.
- Una intoxicación no es una anécdota.
- No se debe dejar solo a alguien inconsciente.
- Mezclar alcohol con medicamentos u otras sustancias incrementa el riesgo.
- Conducir después de beber es incompatible con la seguridad.
- El consumo puede interferir con el consentimiento sexual.
- La familia no debe facilitar alcohol a menores.
En los datos internacionales publicados por la OMS para Europa, Asia Central y Canadá, más de la mitad de los jóvenes de 15 años estudiados había probado el alcohol, lo que muestra el grado de exposición existente y la necesidad de una prevención temprana.
Nicotina y cigarrillos electrónicos
Los cigarrillos electrónicos no son simplemente “vapor de agua”. Pueden contener nicotina y otras sustancias inhalables. Los diseños, aromas y formatos discretos pueden reducir la percepción de riesgo entre los jóvenes.
Entre las señales de posible uso se encuentran:
- Dispositivos pequeños similares a memorias USB o rotuladores.
- Olores dulces o afrutados.
- Salidas frecuentes al baño.
- Tos o irritación.
- Mayor gasto.
- Necesidad de utilizar el dispositivo al despertarse.
- Irritabilidad cuando no puede hacerlo.
- Uso oculto dentro del hogar o del centro escolar.
La OMS informó de que aproximadamente uno de cada cinco adolescentes de 15 años incluidos en su estudio internacional había utilizado cigarrillos electrónicos durante los 30 días anteriores.
El mensaje preventivo debe ser directo: que un producto no produzca humo visible o tenga sabores atractivos no significa que sea inocuo.
Cannabis: evitar tanto el alarmismo como la banalización
El cannabis es una de las sustancias ilegales más consumidas entre jóvenes. No todas las personas que lo prueban desarrollan una dependencia, pero tampoco es correcto presentarlo como inofensivo.
La preocupación aumenta cuando el joven:
- Consume con frecuencia.
- Empieza a consumir a una edad temprana.
- Utiliza productos de alta potencia.
- Consume antes de estudiar o trabajar.
- Conduce después.
- Mezcla cannabis con alcohol u otras sustancias.
- Presenta ansiedad intensa, paranoia o síntomas psicóticos.
- Pierde motivación y funcionamiento.
- No consigue reducirlo.
- Lo utiliza diariamente para dormir o sentirse normal.
La OMS identifica el cannabis como la droga psicoactiva ilícita de uso más extendido entre personas jóvenes.
La prevención eficaz debe explicar riesgos concretos, no basarse en amenazas exageradas que el joven pueda desmontar fácilmente.
Medicamentos: prescritos no significa seguros para cualquiera
El uso no médico de ansiolíticos, hipnóticos, analgésicos, estimulantes u otros fármacos puede provocar intoxicación, dependencia y mezclas peligrosas.
La familia debe:
- Guardar de forma segura los medicamentos de riesgo.
- Controlar las cantidades.
- No compartir tratamientos.
- No acumular fármacos innecesarios.
- Eliminar adecuadamente los sobrantes.
- Preguntar al profesional cómo supervisar la medicación prescrita.
- No permitir que se compren o vendan comprimidos entre compañeros.
Debe investigarse especialmente la desaparición de medicamentos del hogar o el uso de pastillas para estudiar, dormir, adelgazar o “calmarse”.
Apuestas: una adicción que puede permanecer invisible
Las apuestas pueden comenzar desde el teléfono, sin olor, sin alteraciones físicas evidentes y sin que la familia vea al joven entrar en un local.
Las señales incluyen:
- Obsesión por resultados deportivos.
- Revisar cuotas constantemente.
- Cargos no identificados.
- Solicitudes urgentes de dinero.
- Intentos de recuperar pérdidas.
- Mentiras sobre gastos.
- Venta de objetos.
- Uso de cuentas de adultos.
- Irritabilidad durante partidos.
- Falta de sueño por apostar.
- Seguimiento de competiciones que antes no interesaban.
- Problemas escolares.
- Deudas con amigos.
- Amenazas o presión de acreedores.
Debe explicarse que apostar no es una forma fiable de obtener ingresos y que perseguir pérdidas suele agravar el problema.
La familia también necesita ayuda
Vivir con un adolescente que consume o apuesta puede generar:
- Miedo.
- Culpa.
- Enfado.
- Discusiones entre los adultos.
- Insomnio.
- Vigilancia constante.
- Aislamiento.
- Problemas económicos.
- Sensación de fracaso.
- Descuido de hermanos.
- Agotamiento.
La familia no causó necesariamente el problema y tampoco puede resolverlo sola mediante voluntad, castigos o vigilancia.
Puede necesitar:
- Orientación profesional.
- Terapia familiar.
- Grupos para familiares.
- Apoyo social.
- Asesoramiento económico.
- Coordinación con el centro educativo.
- Planes de seguridad.
- Atención psicológica propia.
Ayudar al adolescente no significa aceptar agresiones, robos o amenazas. La protección de toda la familia también forma parte de la intervención.
Plan familiar de actuación
Paso 1 · Reunir hechos
Anotar cambios, fechas, incidentes, gastos, ausencias, intoxicaciones y pruebas objetivas. Evitar basarse únicamente en rumores.
Paso 2 · Valorar la urgencia
Comprobar si existe intoxicación, violencia, riesgo suicida, conducción, desaparición, venta de sustancias o peligro para otros menores.
Paso 3 · Hablar con el joven
Utilizar hechos concretos, preocupación y preguntas directas.
Paso 4 · Fijar límites inmediatos
Proteger vehículos, dinero, medicamentos, tarjetas, cuentas digitales y sustancias presentes en el hogar.
Paso 5 · Pedir valoración
Contactar con atención primaria, salud mental, unidades de adicciones o recursos especializados.
Paso 6 · Coordinar a los adultos
Evitar que un cuidador prohíba mientras otro facilita dinero o minimiza el problema.
Paso 7 · Revisar el plan
Comprobar si disminuye el riesgo, si se cumplen las citas y si aparecen nuevas señales.
Paso 8 · Cuidar al resto de la familia
No dejar desatendidos a hermanos, pareja o cuidadores.
Prevención en centros educativos y comunidades
La prevención no puede recaer únicamente sobre las familias.
Las escuelas y comunidades deben:
- Detectar absentismo y cambios graves.
- Disponer de protocolos claros.
- Evitar expulsar sin intervención.
- Trabajar habilidades emocionales y sociales.
- Ofrecer información basada en evidencias.
- Coordinarse con sanidad y servicios sociales.
- Prevenir acoso y exclusión.
- Vigilar la venta de sustancias cerca de centros educativos.
- Limitar la exposición de menores a publicidad de alcohol, nicotina y apuestas.
- Crear alternativas accesibles de ocio y participación.
La prevención universal debe complementarse con apoyos más intensivos para jóvenes con mayor vulnerabilidad. No todos necesitan la misma intervención.
Mensajes que los jóvenes necesitan escuchar
- No eres débil por pedir ayuda.
- Probar una sustancia no obliga a seguir consumiendo.
- Haber mentido no impide reparar el daño.
- No tienes que esperar a perderlo todo.
- Una intoxicación puede ser una emergencia real.
- Mezclar sustancias aumenta la imprevisibilidad.
- Consumir para dormir, estudiar o dejar de sentir merece atención.
- Las deudas por apuestas no se solucionan apostando más.
- Puedes llamar a tu familia si estás en peligro.
- Contar lo que ocurre no es traicionar a tus amigos.
- La recuperación es posible.
- Tu problema no define toda tu identidad.
Lo esencial: detectar sin etiquetar y actuar sin humillar
Un adolescente puede negar, enfadarse o intentar restar importancia. También puede sentir vergüenza, miedo al castigo o temor a perder a su grupo.
La familia debe evitar tanto el abandono como el enfrentamiento permanente.
La posición más útil es firme y cercana:
“No vamos a normalizar lo que está ocurriendo. Tampoco vamos a abandonarte. Vamos a protegerte, poner límites y buscar ayuda.”
La prevención no garantiza que un joven nunca pruebe una sustancia. Su objetivo es reducir la probabilidad de consumo, retrasar el inicio, impedir la progresión, detectar pronto y evitar que una crisis se convierta en una trayectoria de daño.
Ideas clave del capítulo
- Una señal aislada no demuestra una adicción.
- La sospecha aumenta cuando aparecen varios cambios repentinos, intensos y mantenidos.
- Experimentar, consumir de forma problemática y desarrollar una adicción no son lo mismo.
- El inicio temprano incrementa el riesgo de progresión hacia patrones más graves.
- La familia debe dialogar, mantener la calma, marcar límites y pedir ayuda.
- Escuchar no significa permitir.
- La prevención debe empezar antes de que aparezca el consumo.
- Las conversaciones claras y frecuentes son más útiles que una única charla basada en el miedo.
- La salud mental debe evaluarse siempre.
- No hay que esperar a que el joven “toque fondo”.
- Una intoxicación, una amenaza suicida o una pérdida de conciencia requieren actuación urgente.
- La familia también puede necesitar apoyo profesional.
