Bloque 01
Capítulo 26
Idealización y desidealización
Prácticas guiadas
Cada práctica incluye un mapa de acción para verlo de un vistazo y una guía completa para trabajarla con calma. Puedes hacerlas en el orden que prefieras.
Práctica 1
La persona imaginada y la persona real
Práctica 2
Señales que ignoré y cualidades que exageré
Práctica 3
Del ideal a un vínculo más realista
Referencias
- International Association for Analytical Psychology (IAAP)
- Obras de Carl Gustav Jung (Aion)
- Psicología Analítica
Sigue explorando
Capítulo siguiente
Ánima y Ánimus
Idea principal
El capítulo profundiza en cómo pasamos de construir una imagen idealizada de una persona, influenciada por nuestras proyecciones y deseos, a descubrir a la persona real a través de la desidealización, lo cual permite una relación más madura y consciente.
Preguntas frecuentes
- Idealizar no es solo ver cualidades positivas, sino construir una imagen total del otro con base en algunos rasgos reales, añadiendo deseos, expectativas y proyecciones. Se pasa de lo que se sabe a lo que se imagina que ese dato garantiza, a menudo influyendo en cómo percibimos y entendemos a la persona. Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye el consejo, diagnóstico ni tratamiento de un profesional cualificado.
- Carl Jung, especialmente a través de su teoría de las proyecciones, como las vinculadas a anima/animus, ofrece un marco para entender la idealización. Una persona real puede convertirse en portadora de contenidos psicológicos que proceden también de nuestra psique, es decir, proyectamos nuestras propias imágenes interiores sobre ella, haciendo que parezca más grande o especial. Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye el consejo, diagnóstico ni tratamiento de un profesional cualificado.
- La desidealización es el proceso de reducir la proyección y ver a la persona de una manera más próxima a la realidad, más allá de la imagen idealizada. No implica ver defectos o devaluar, sino integrar cualidades y limitaciones, permitiendo evaluar la relación con más información y construir un vínculo más maduro y auténtico. Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye el consejo, diagnóstico ni tratamiento de un profesional cualificado.
- La admiración genuina se basa en cualidades reales y reconocidas, mientras que la idealización va más allá, convirtiendo esos rasgos en la base para construir una imagen total que aún no se conoce suficientemente. La idealización atribuye a esos rasgos un significado psicológico mucho mayor, conectando con nuestras propias necesidades y expectativas no satisfechas. Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye el consejo, diagnóstico ni tratamiento de un profesional cualificado.
- A menudo, lo que se percibe como la pérdida de 'magia' puede ser una transformación natural de la percepción: la disminución de las proyecciones y el paso de una imagen muy cargada a una representación más compleja y real del otro. Esta etapa puede ser una oportunidad para recuperar contenidos propios y reencontrar al otro de forma menos ilusoria, ampliando la conciencia individual. Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye el consejo, diagnóstico ni tratamiento de un profesional cualificado.
¿Qué significa idealizar a una persona en una relación?
¿Cómo se relaciona la idealización con la teoría de las proyecciones de Carl Jung?
¿Qué es la desidealización y por qué es importante en las relaciones?
¿Cómo diferenciar una idealización de una admiración genuina?
¿Qué sucede cuando la 'magia' de una relación parece desvanecerse?
UNIVERSO TÚ
Bloque 01B · Psicología analítica de Carl Gustav Jung
Ruta 05 · Relaciones
Capítulo 26 · Idealización y desidealización
Hay un momento especialmente delicado en muchas relaciones.
No suele ocurrir el día en que conocemos a alguien.
Ocurre después.
Cuando la persona que nos fascinaba comienza a mostrarnos aspectos que no estaban en la imagen inicial.
Descubrimos límites.
Contradicciones.
Hábitos que no nos gustan.
Necesidades diferentes de las nuestras.
Momentos de inseguridad.
Formas de reaccionar que no esperábamos.
Opiniones con las que no coincidimos.
Y entonces puede aparecer una sensación desconcertante:
“No es la persona que yo creía.”
A veces esa frase significa que alguien ocultó información, cambió realmente o actuó de una manera inesperada.
Pero otras veces contiene una verdad psicológica diferente:
la persona no ha cambiado tanto como ha cambiado nuestra manera de verla.
Durante un tiempo nos relacionábamos parcialmente con ella y parcialmente con una imagen.
Una imagen construida con datos reales, sí, pero también con deseos, expectativas, necesidades, fantasías, experiencias anteriores y, dentro del lenguaje de Carl Gustav Jung, posibles proyecciones.
Cuando esa imagen empieza a perder fuerza puede llegar la decepción.
Pero también puede comenzar algo mucho más interesante:
el encuentro con la persona real.
Este capítulo trata precisamente de ese tránsito.
De la idealización a lo que en Universo Tú denominaremos desidealización.
No para aprender a ver defectos.
No para volvernos desconfiados.
Y tampoco para destruir la ilusión necesaria de todo comienzo.
La pregunta es mucho más profunda:
¿Qué ocurre cuando dejamos de necesitar que alguien sea quien habíamos imaginado y empezamos a descubrir quién es realmente?
1. ¿Qué significa idealizar a una persona?
En lenguaje cotidiano, idealizar suele entenderse como considerar a alguien mejor de lo que realmente es.
Pero psicológicamente el fenómeno puede ser bastante más complejo.
Idealizar no consiste únicamente en pensar:
“Es una persona maravillosa”.
Podemos apreciar sinceramente cualidades reales sin idealizar.
El problema empieza cuando algunos rasgos verdaderos se convierten en la base para construir una imagen total que todavía no conocemos suficientemente.
Por ejemplo:
“Es muy atento conmigo”.
puede transformarse en:
“Siempre sabrá lo que necesito”.
“Me escucha muchísimo”.
puede convertirse en:
“Me comprenderá en cualquier circunstancia”.
“Tenemos una conexión increíble”.
puede terminar significando:
“Somos completamente compatibles”.
En cada transición ha ocurrido algo pequeño pero decisivo.
Hemos pasado de:
lo que sabemos
a
lo que imaginamos que ese dato garantiza.
Y esa diferencia es el centro de este capítulo.
2. La idealización necesita una persona real
Aquí conviene evitar otra simplificación.
Idealizar no significa inventarse completamente a alguien.
Normalmente existe algo real que activa nuestra percepción.
La persona puede ser verdaderamente:
cariñosa;
inteligente;
creativa;
independiente;
atractiva;
sensible;
segura;
interesante.
La idealización empieza cuando esas características adquieren un significado psicológico mucho mayor.
Ya no pensamos solamente:
“Es una persona segura”.
Empezamos a experimentar:
“Con ella por fin estaré a salvo.”
No pensamos simplemente:
“Es una persona muy libre”.
Pensamos:
“Con él podré empezar a vivir de verdad.”
Aquí ya no estamos describiendo únicamente a la otra persona.
Estamos hablando también de nuestras necesidades.
Y justamente por eso la idealización puede resultar tan poderosa.
3. Jung no desarrolló una “teoría moderna de la idealización de pareja”
Es importante dejarlo claro.
Carl Gustav Jung no creó un protocolo denominado “idealización y desidealización en la pareja” como el que podríamos encontrar hoy en un manual de relaciones.
Nuestro punto de partida está en otro lugar:
la teoría junguiana de la proyección.
En Aion, Jung estudia proyecciones vinculadas a la Sombra y a anima/animus. Los resúmenes académicos de la International Association for Analytical Psychology señalan que determinadas proyecciones de anima y animus pueden ser especialmente difíciles de reconocer como procedentes de la propia psique.
Y una explicación contemporánea de la propia IAAP introduce algo extraordinariamente relevante para las relaciones: describe cómo anima y animus pueden proyectarse sobre personas que nos atraen y señala que llega un momento difícil cuando esas proyecciones disminuyen y la persona empieza a ser vista nuevamente “a la luz de la realidad”.
Ahí encontramos una base muy importante para este capítulo.
No porque toda idealización sea automáticamente anima o animus.
No lo es.
Sino porque Jung proporciona un modelo para comprender que una persona real puede convertirse en portadora de contenidos psicológicos que proceden también de nosotros mismos.
4. Persona real + imagen interior
Podemos imaginar la idealización como dos capas superpuestas.
Primera capa: la persona
Lo que realmente sabemos.
Su comportamiento.
Su historia conocida.
Sus palabras.
Sus elecciones.
Su manera repetida de tratar a los demás.
Los acuerdos que cumple o incumple.
Sus cualidades.
Sus limitaciones.
Segunda capa: la imagen
Lo que representa para nosotros.
Lo que esperamos que llegue a ser.
Lo que creemos que nos dará.
La historia futura que construimos.
Las cualidades que suponemos que posee.
Los significados que atribuimos a su presencia.
Las dos capas pueden coincidir parcialmente.
Ese es precisamente el problema.
Si fueran completamente distintas sería fácil detectarlo.
Pero una idealización convincente suele empezar por algo verdadero.
Y alrededor de esa verdad construimos mucho más.
5. ¿Por qué alguien puede parecernos extraordinariamente especial?
Porque una persona puede despertar algo que ya tenía importancia dentro de nosotros antes de conocerla.
Imaginemos a alguien que lleva años viviendo de forma extremadamente controlada.
Responsabilidad.
Trabajo.
Obligaciones.
Poca espontaneidad.
Entonces conoce a una persona aventurera, creativa y libre.
La atracción puede ser completamente real.
Pero esa persona también puede representar:
la vida que no se ha permitido;
la espontaneidad que ha reprimido;
la libertad que desea;
una posibilidad de sí mismo todavía poco desarrollada.
Desde una perspectiva junguiana, esa enorme carga psicológica puede contribuir a que el otro deje de ser solamente otro individuo y se convierta en portador de una imagen interior.
La IAAP describe precisamente este fenómeno en su tratamiento contemporáneo de anima/animus: ciertas imágenes internas pueden proyectarse con facilidad sobre personas hacia las que existe una fuerte atracción.
Eso no convierte el amor en falso.
Pero ayuda a explicar por qué ciertas personas parecen mucho más grandes que su biografía real.
6. La fascinación no es conocimiento
Esta frase merece quedar aislada:
la intensidad de lo que sentimos no determina cuánto conocemos a alguien.
Podemos sentir una conexión enorme después de pocas semanas.
Pero algunas características solo se descubren con el tiempo.
¿Cómo maneja esa persona un límite?
¿Cómo actúa cuando no obtiene lo que desea?
¿Cómo responde a un error?
¿Cómo trata a otras personas cuando está enfadada?
¿Cómo mantiene sus compromisos?
¿Cómo negocia una diferencia?
¿Cómo repara después de hacer daño?
¿Cómo vive el dinero, la sexualidad, el trabajo, la familia, la autonomía o la convivencia?
Estas preguntas no pueden responderse únicamente mediante atracción.
Necesitan experiencia.
Por eso existe una asimetría muy habitual al comienzo de una relación:
la emoción puede avanzar mucho más rápido que el conocimiento.
Ese espacio es uno de los territorios naturales de la idealización.
7. Cuando el otro empieza a decepcionarnos
Entonces llega el momento difícil.
La persona no responde como esperábamos.
No comprende algo automáticamente.
Tiene necesidades propias.
Quiere pasar tiempo sola.
No coincide con nosotros.
Dice no.
Se equivoca.
Nos decepciona.
Y podemos sentir:
“Ya no es como antes”.
A veces realmente existe un deterioro de la relación.
Pero otras veces estamos viviendo algo completamente distinto:
la reducción de la proyección.
La IAAP describe este momento con una claridad especial: cuando disminuyen determinadas proyecciones vinculadas a anima/animus, la persona puede ser vista de nuevo desde una perspectiva más próxima a la realidad.
Desde Universo Tú utilizaremos para ese proceso una palabra práctica:
DESIDEALIZACIÓN
Pero debemos definirla bien.
8. ¿Qué significa desidealizar?
Desidealizar no significa pensar peor del otro.
Significa necesitar menos fantasía para verlo.
No es:
“Antes era maravilloso y ahora es horrible”.
Eso puede ser simplemente sustituir una imagen idealizada positiva por una imagen idealizada negativa.
La desidealización madura se parece más a:
“Esta persona tiene estas cualidades que admiro y también estas limitaciones.”
“Me quiere, pero no puede satisfacer todas mis necesidades.”
“Tenemos una gran conexión en determinadas áreas y diferencias importantes en otras.”
“Ha cometido un error, pero ese error no define toda su personalidad.”
O:
“Ahora que conozco mejor la realidad, descubro una incompatibilidad que antes no podía ver.”
La desidealización no decide de antemano si una relación debe continuar.
Permite evaluarla con más información.
9. Desidealizar no es devaluar
Esta distinción es especialmente importante.
Existe una manera muy inmadura de abandonar una idealización:
pasar del pedestal al desprecio.
Antes:
“Es perfecta.”
Después:
“Es horrible.”
Antes:
“Es diferente a todas las demás personas.”
Después:
“Es exactamente igual que todas.”
Antes:
“Todo lo hace bien.”
Después:
“Todo lo hace mal.”
En ambos extremos ocurre algo parecido:
la persona real desaparece.
Solo ha cambiado el signo de la imagen.
La desidealización auténtica introduce matices.
Ya no necesitamos que alguien sea completamente extraordinario ni completamente decepcionante.
Podemos sostener:
cualidades y defectos;
cercanía y diferencia;
amor y frustración;
compatibilidad e incompatibilidad parcial;
admiración y límites.
Eso es psicológicamente mucho más exigente.
10. El momento en que “cae la magia”
Muchas parejas interpretan esta transición como una señal de fracaso.
“Ya no siento lo mismo.”
“Antes todo era fácil.”
“Antes me parecía perfecto.”
Pero hay que distinguir procesos.
Puede haber una pérdida real de interés.
Puede haber problemas acumulados.
Puede haber incompatibilidades.
Pero también puede haber una transformación normal de la percepción:
de una imagen muy cargada hacia una representación más compleja de la persona.
La tradición junguiana interpreta precisamente la disminución de ciertas proyecciones como una oportunidad para recuperar contenidos propios y reencontrar al otro de forma menos ilusoria. La IAAP destaca además que esta transición puede ampliar la conciencia del individuo.
Por eso la caída de una idealización no tiene necesariamente que significar:
“Me equivoqué completamente.”
Puede significar:
“Ahora dispongo de más realidad.”
11. El gran peligro: intentar obligar al otro a seguir siendo nuestra imagen
La idealización no termina siempre cuando aparecen contradicciones.
A veces intentamos protegerla.
La realidad dice:
“Esta persona necesita mucho espacio.”
Y respondemos:
“Cuando se sienta segura conmigo cambiará.”
La realidad dice:
“No quiere tener hijos.”
Y pensamos:
“Con el tiempo se dará cuenta.”
La realidad dice:
“No desea el mismo tipo de compromiso.”
Y concluimos:
“En el fondo tiene miedo; yo sé lo que realmente quiere.”
Aquí aparece un problema serio.
Ya no estamos aceptando a la otra persona.
Estamos reinterpretando cualquier dato que contradiga nuestra imagen para poder conservarla.
En ese momento la idealización deja de ser simplemente romanticismo.
Puede convertirse en una forma de no escuchar.
12. Amar a alguien no nos autoriza a decidir quién “es en realidad”
Éste es un principio fundamental.
Podemos observar.
Interpretar.
Formular hipótesis.
Pero el otro continúa teniendo una voz propia.
Si alguien dice:
“No quiero esto.”
No podemos responder:
“Eso lo dices porque tienes miedo; en realidad sí quieres.”
Si alguien explica:
“Necesito más autonomía.”
No sabemos mejor que esa persona lo que significa su propia necesidad.
Una lectura psicológica debería aumentar el respeto por la realidad del otro.
No sustituirla.
En The Practice of Psychotherapy, Jung dedicó una parte importante de su trabajo al problema de la proyección y la transferencia, mostrando precisamente la complejidad de las relaciones cuando contenidos subjetivos quedan implicados en el vínculo.
13. La idealización positiva tampoco es siempre perjudicial
Aquí aparece una sorpresa importante.
Si abandonamos por un momento el marco junguiano y miramos la investigación contemporánea sobre relaciones, encontramos algo que complica todavía más el asunto.
Algunos estudios utilizan el concepto de positive illusions, o ilusiones positivas, para estudiar la tendencia a ver a la pareja de una forma algo más favorable.
Y los resultados no indican simplemente:
“Cuanto más realista, mejor.”
Un estudio longitudinal clásico de Sandra Murray, John Holmes y Dale Griffin encontró que la idealización dentro de parejas de noviazgo se relacionaba con persistencia de la relación y con cambios posteriores en satisfacción, conflicto y dudas. Eso no significa que toda distorsión sea beneficiosa ni que debamos ignorar los problemas; describe una forma específica de idealización medida dentro de ese estudio.
Otro estudio con 288 parejas recién casadas encontró que exactitud, sesgo positivo y sesgo de similitud podían aportar contribuciones independientes a la satisfacción de quien percibía a su pareja.
La conclusión interesante no es:
“Debemos idealizar”.
Es algo más matizado:
una relación humana satisfactoria no parece necesitar una percepción perfectamente fría y fotográfica del otro.
14. Exactitud y mirada positiva pueden coexistir
Éste es quizá uno de los puntos más interesantes de la investigación contemporánea.
Podemos conocer bastante bien a nuestra pareja y seguir viéndola con cierta generosidad.
No tenemos que elegir necesariamente entre:
realismo
o
amor.
En el estudio de Luo y Snider con parejas recién casadas, la exactitud y distintos sesgos perceptivos realizaron aportaciones diferentes a la satisfacción. Esto cuestiona la idea simplista de que cualquier sesgo positivo sea automáticamente perjudicial.
Por tanto, desde Universo Tú no utilizaremos “desidealizar” como sinónimo de:
buscar defectos;
pensar negativamente;
rebajar la admiración;
eliminar la esperanza.
Desidealizar significa:
dejar que los hechos tengan derecho a corregir nuestra imagen.
Podemos continuar apreciando muchísimo a alguien.
Pero ya no necesitamos negar aquello que no encaja.
15. Los ideales de pareja también existen y son psicológicamente relevantes
La investigación contemporánea ha estudiado también los ideal standards, es decir, los estándares o representaciones de una pareja y relación deseadas.
Fletcher, Simpson, Thomas y Giles encontraron que las personas organizaban sus ideales de pareja alrededor de dimensiones como calidez-fiabilidad, vitalidad-atractivo y estatus-recursos, y sus ideales de relación alrededor de intimidad-lealtad y pasión. En uno de sus estudios, una mayor correspondencia entre esos ideales y la evaluación de la relación actual se asoció con una valoración más positiva del vínculo.
Esto nos ayuda a hacer otra distinción.
Tener ideales no equivale a idealizar.
Puedes saber perfectamente que deseas:
respeto;
afecto;
estabilidad;
sexualidad satisfactoria;
autonomía;
compromiso.
Eso no es necesariamente una fantasía.
El problema aparece cuando:
el ideal sustituye a la observación de la persona real.
16. El ideal como brújula o como filtro
Un ideal puede funcionar de dos maneras.
Como brújula
“Para mí la honestidad es importante.”
“Necesito una relación donde exista autonomía.”
“Valoro mucho la capacidad de reparar un conflicto.”
Eso ayuda a elegir y evaluar.
Como filtro
“Como me gusta esta persona, seguro que es honesta.”
“Como tenemos química, podremos resolver cualquier diferencia.”
“Como siento que es especial, nuestras incompatibilidades no importarán.”
En el primer caso:
el ideal ayuda a observar la realidad.
En el segundo:
el ideal modifica la realidad para que coincida con él.
Y esa diferencia es enorme.
17. “Es mi persona”: ¿qué sabemos realmente?
Expresiones como:
“es mi alma gemela”;
“estábamos destinados”;
“sé que es la persona de mi vida”
pueden expresar de manera poética una emoción real.
El problema comienza cuando se convierten en evidencia psicológica.
Sentir destino no demuestra destino.
Sentir una conexión extraordinaria no demuestra compatibilidad a largo plazo.
Una coincidencia significativa tampoco prueba que una relación deba continuar.
Podemos respetar el valor subjetivo de la experiencia sin convertirlo en un hecho externo.
En Universo Tú mantenemos aquí el mismo criterio utilizado en sueños, símbolos, sincronicidad y proyección:
experiencia significativa ≠ demostración objetiva.
18. Señales de que quizá estás idealizando
No existe un test definitivo.
Pero podemos observar algunos patrones.
1. Sabes poco y concluyes mucho
Conoces a alguien desde hace poco, pero sientes que sabes cómo será en cualquier circunstancia.
2. Los datos contradictorios siempre tienen una explicación
Cuando algo no encaja con tu imagen, reinterpretas el hecho para conservarla.
3. Confundes potencial con realidad
“No es así todavía, pero sé quién puede llegar a ser.”
4. La persona parece solucionar una carencia completa de tu vida
“Ahora sí podré ser feliz.”
5. Las diferencias se viven como pequeños obstáculos irrelevantes
Incluso cuando afectan a cuestiones fundamentales.
6. La admiración deja poco espacio para la curiosidad
Ya no necesitas preguntar quién es porque crees conocerlo.
7. Te enamoras también de un futuro
Casa.
Viajes.
Familia.
Vida conjunta.
Antes de disponer de suficientes datos sobre si ambos desean realmente lo mismo.
Ninguna señal demuestra por sí sola una idealización problemática.
Son razones para mirar con más calma.
19. Señales de una desidealización saludable
También podemos reconocer cuándo el proceso está siendo constructivo.
Empiezas a decir:
“Esto me gusta muchísimo de ti y esto otro me cuesta.”
Puedes escuchar un no sin convertirlo inmediatamente en rechazo total.
Puedes reconocer una incompatibilidad sin convertir al otro en mala persona.
Puedes dejar de interpretar cada decepción como traición.
Puedes preguntar en lugar de suponer.
Puedes recuperar en tu propia vida cualidades que antes parecían pertenecer exclusivamente a tu pareja.
Puedes amar sin necesitar que esa persona sea perfecta.
Y, quizá lo más importante:
puedes abandonar una relación si la realidad muestra que no te conviene, sin necesitar demostrar que todo lo vivido fue falso.
20. Desidealización y duelo
Desidealizar puede doler.
Porque no perdemos únicamente una imagen del otro.
Podemos perder también un futuro imaginado.
“La familia que formaríamos.”
“La persona en la que se convertiría.”
“La vida que pensaba que tendría.”
Aunque la relación continúe, puede existir un pequeño duelo por esa versión ideal.
Y si la relación termina, el duelo puede contener dos pérdidas diferentes:
la persona real
y
la persona que imaginábamos que podía llegar a ser.
Distinguirlas puede ayudar mucho.
A veces echamos de menos no solo lo ocurrido.
Echamos de menos lo que esperábamos que ocurriera.
21. El error opuesto: destruir toda ilusión
Después de descubrir cuánto idealizamos, podemos caer en el extremo contrario.
“Ya no quiero esperar nada.”
“No voy a confiar en nadie.”
“Todo enamoramiento es una proyección.”
No.
Eso sería convertir una herramienta psicológica en cinismo.
La investigación sobre parejas recuerda además que ciertas percepciones positivas y cierta tendencia a valorar favorablemente a la pareja pueden coexistir con conocimiento real y satisfacción relacional.
La meta no es sustituir unas gafas rosas por unas gafas negras.
La meta es poder quitarnos las gafas cuando los hechos lo requieren.
22. Idealización y Sombra
En algunas relaciones idealizamos cualidades que creemos no poseer.
Pero también puede ocurrir algo complementario.
Cuanto más perfecta es nuestra imagen de alguien, más difícil resulta aceptar aspectos suyos que contradicen esa perfección.
Entonces podemos intentar expulsar psicológicamente esos rasgos.
“No puede ser egoísta.”
“No puede mentir.”
“No puede necesitar distancia.”
“No puede tener ambivalencias.”
Desde un marco junguiano, esta dificultad para integrar aspectos contradictorios puede conectarse con el problema más amplio de reconocer dimensiones no deseadas de la personalidad.
Aion sitúa precisamente la Sombra y anima/animus entre las configuraciones que afectan la relación del ego con aspectos no plenamente reconocidos de la psique.
Pero debemos evitar otro salto simplista:
cada defecto de nuestra pareja no es automáticamente “su Sombra” ni cada decepción es “nuestra Sombra”.
Son hipótesis psicológicas, no diagnósticos instantáneos.
23. Anima y animus: mantener el contexto histórico
La formulación clásica de Jung sobre anima y animus utilizaba un esquema binario:
anima asociada a la dimensión femenina inconsciente del hombre;
animus asociada a la dimensión masculina inconsciente de la mujer.
Ese es el Jung histórico.
No debemos reescribirlo.
Pero la IAAP señala actualmente que las características asociadas tradicionalmente a estas figuras no deben entenderse de forma literal y reconoce que las concepciones históricas de lo masculino y lo femenino no coinciden necesariamente con las actuales.
Por eso en Universo Tú podemos conservar una idea psicológica valiosa sin convertirla en una regla rígida:
una persona puede convertirse en portadora de cualidades internas que todavía no reconocemos o desarrollamos suficientemente en nosotros.
Y cuando esas proyecciones disminuyen, podemos recuperar parte de esas posibilidades.
24. Recuperar lo proyectado
Imaginemos que admiramos profundamente la valentía de nuestra pareja.
Durante años pensamos:
“Yo soy el inseguro; ella es la valiente.”
Desidealizar no significa descubrir:
“En realidad ella no es valiente.”
Puede significar:
“Ella realmente tiene valentía. Pero quizá yo también puedo desarrollar la mía.”
Eso produce un cambio enorme.
Antes:
ella poseía la valentía de los dos.
Después:
puedo admirar su valentía sin renunciar a desarrollar la mía.
Éste es uno de los movimientos más interesantes de la lectura junguiana.
Retirar una proyección no necesariamente empobrece al otro.
Puede enriquecernos a nosotros.
25. Cuando la realidad mejora la relación
Existe una imagen romántica según la cual conocer realmente al otro destruye la magia.
Puede suceder.
Pero también puede pasar exactamente lo contrario.
Cuando desaparece la obligación de ser perfecto:
podemos equivocarnos;
podemos pedir;
podemos poner límites;
podemos tener días malos;
podemos ser diferentes;
podemos negociar;
podemos sorprendernos.
La relación deja de necesitar una actuación constante.
Ya no tengo que ser quien imaginaste.
Y tú tampoco tienes que ser quien yo necesitaba que fueras.
Entonces aparece una forma diferente de intimidad:
ser conocido sin tener que coincidir con una fantasía.
26. Cuando la realidad muestra que la relación no funciona
También debemos hablar de esto.
La desidealización no siempre fortalece una pareja.
A veces revela:
valores incompatibles;
formas de compromiso diferentes;
problemas de respeto;
deseos vitales opuestos;
dificultades repetidas para reparar conflictos;
conductas que no queremos aceptar.
Y entonces ver mejor puede conducir a alejarse.
Eso no significa que el proceso haya fracasado.
Precisamente puede significar lo contrario.
Antes necesitábamos una fantasía para permanecer.
Ahora podemos decidir desde información más real.
27. Desidealizar no obliga a perdonar
Otro mito.
“Si entiendo que estaba proyectando, entonces ya no tengo derecho a estar enfadado.”
No.
Supongamos que idealizaste a alguien como completamente honesto.
Después descubres una mentira.
Puedes reconocer:
“Mi imagen de perfección era mía.”
Y simultáneamente:
“Esta persona realmente mintió.”
Reconocer tu idealización no borra el comportamiento externo.
Ésta es una continuidad directa con lo trabajado en el capítulo anterior:
mi participación psicológica y tu responsabilidad pueden existir al mismo tiempo.
28. Tampoco obliga a continuar
Comprender por qué idealizamos a alguien no convierte la relación en necesaria.
Puedes reconocer que una persona despertó algo importantísimo en ti y decidir que no quieres seguir compartiendo tu vida con ella.
Una relación puede tener enorme valor psicológico sin tener que durar para siempre.
La significación de un encuentro y su viabilidad práctica son preguntas diferentes.
29. Una pregunta sencilla que cambia mucho
Cuando notes una idealización intensa, prueba a sustituir:
“¿Quién es esta persona para mí?”
por dos preguntas:
¿Qué sé realmente de esta persona?
y
¿Qué representa esta persona para mí?
Las respuestas pueden ser muy diferentes.
Ejemplo:
Lo que sé:
Es creativa, viaja mucho, ha cambiado varias veces de trabajo y disfruta improvisando.
Lo que representa:
Libertad.
Vida.
La posibilidad de salir de mi rutina.
La primera parte habla de ella.
La segunda habla mucho más de ti.
Y ambas son importantes.
30. Otra distinción fundamental: hechos, potencial y fantasía
En una relación podemos confundir tres cosas.
HECHOS
Lo que la persona hace de manera observable.
POTENCIAL
Lo que razonablemente podría desarrollar, pero todavía no ha desarrollado.
FANTASÍA
Lo que necesitamos creer que llegará a ser.
El potencial no es una deuda.
Que alguien pudiera cambiar no significa que vaya a hacerlo.
Una pareja no debería evaluarse exclusivamente por:
quién podría llegar a ser.
También necesitamos preguntarnos:
¿Puedo convivir con quién es ahora?
31. La pregunta que pone a prueba una idealización
Imagina que esa persona no cambiara nunca en aquello que más te preocupa.
No empeorara.
Pero tampoco cambiara.
¿Seguirías eligiendo la relación?
Esta pregunta no pretende llevarte a terminar nada.
Sirve para distinguir:
aceptación de realidad
de
inversión emocional en una promesa futura.
32. Idealizar no es amar demasiado
Esto también merece una corrección.
Idealizar no significa necesariamente amar muchísimo.
Podemos idealizar incluso antes de conocer suficientemente a la persona.
El amor necesita encuentro.
Conocimiento.
Reciprocidad.
Tiempo.
Capacidad de reparar.
La idealización, en cambio, puede crecer con muy poca información.
Por eso una relación puede perder idealización y ganar intimidad.
Menos fantasía.
Más conocimiento.
Menos certeza imaginada.
Más conversación.
Menos perfección.
Más persona.
33. La paradoja del amor más real
Al principio podemos pensar:
“Te amo porque eres exactamente lo que necesitaba.”
Después de una desidealización madura la frase podría convertirse en:
“Te elijo sabiendo mejor quién eres.”
Eso es diferente.
Ya no amamos únicamente aquello que encaja con nosotros.
Podemos reconocer la alteridad.
La palabra es importante:
alteridad.
El otro existe fuera de nuestras necesidades.
Tiene una vida interior que no controlamos.
Posee deseos que pueden no coincidir.
Y una relación madura necesita poder tolerar esa diferencia.
34. Qué NO debemos sacar de Jung
Después de trabajar idealización, proyección y desidealización, conviene eliminar varios mitos.
No debemos concluir:
- que toda atracción es una proyección;
- que enamorarse significa no ver la realidad;
- que toda decepción demuestra que existía una proyección;
- que la caída de una idealización obliga a terminar una relación;
- que una pareja debe quedarse sin ninguna percepción positiva;
- que anima/animus explican literalmente cualquier enamoramiento;
- que una relación intensa demuestra un destino arquetípico;
- que Jung demostró científicamente cómo funciona el amor romántico;
- que comprender nuestra proyección justifica conductas dañinas del otro.
La psicología analítica proporciona un modelo interpretativo.
No un detector infalible de relaciones.
35. Lo que aporta la investigación contemporánea
Aquí necesitamos mantener las disciplinas separadas.
Jung trabaja desde la psicología analítica.
La investigación contemporánea de relaciones emplea otras definiciones, muestras, diseños longitudinales y modelos estadísticos.
No debemos decir:
“La ciencia demuestra que Jung tenía razón.”
Lo que sí podemos hacer es comparar preguntas.
La investigación de Fletcher y colaboradores demuestra que las personas poseen ideales estructurados acerca de parejas y relaciones y que la correspondencia entre esos ideales y la relación actual se relaciona con cómo se evalúa el vínculo.
Los trabajos sobre positive illusions muestran, por otra parte, que una percepción favorable de la pareja no es necesariamente incompatible con satisfacción o estabilidad.
La conclusión útil no es escoger entre Jung o la psicología contemporánea.
Es entender que hablan desde marcos distintos de una pregunta humana muy antigua:
¿vemos a la persona que tenemos delante o también vemos aquello que deseamos encontrar?
36. Una definición de Universo Tú
Podemos cerrar el concepto de esta manera.
IDEALIZACIÓN
Proceso por el que algunos rasgos reales de una persona quedan ampliados, completados o reorganizados mediante expectativas, deseos, imágenes y significados propios hasta construir una representación más amplia que la información disponible.
DESIDEALIZACIÓN
Proceso educativo de revisar esa imagen a la luz de nueva información, recuperar lo que pertenece a nuestra propia vida psicológica y permitir que la persona real corrija aquello que habíamos imaginado.
Estas definiciones son formulaciones educativas de Universo Tú.
No deben atribuirse literalmente a Carl Gustav Jung.
37. Idea central del capítulo
Idealizar no significa necesariamente que el amor sea falso.
Desidealizar tampoco significa que el amor haya terminado.
La pregunta decisiva es qué ocurre cuando la realidad empieza a tener suficiente espacio dentro del vínculo.
Quizá descubrimos una persona distinta de la que imaginábamos.
Quizá descubrimos que sigue gustándonos.
Quizá incluso más.
Quizá reconocemos una incompatibilidad.
Quizá recuperamos partes de nosotros que habíamos depositado completamente fuera.
Pero, sea cual sea el resultado, existe una transformación importante:
dejamos de relacionarnos solamente con una imagen.
Y empezamos a relacionarnos con alguien.
Alguien real.
Alguien limitado.
Alguien diferente.
Alguien que puede sorprendernos.
Y también alguien a quien ya no necesitamos obligar a sostener nuestra fantasía para que el vínculo tenga sentido.
Tal vez ahí aparezca una forma de amor menos espectacular que la idealización inicial.
Pero también una forma de amor mucho más difícil:
ver a alguien con mayor claridad y decidir desde ahí si queremos seguir encontrándonos.
PREGUNTAS FRECUENTES
¿Qué es idealizar a una pareja?
Idealizar no consiste únicamente en valorar cualidades positivas. Puede ocurrir cuando, a partir de algunos datos reales, construimos una imagen más completa de la persona utilizando deseos, expectativas y significados propios.
¿Jung habló de idealización amorosa?
Jung trabajó extensamente la proyección y las proyecciones vinculadas a Sombra, anima y animus. La IAAP señala específicamente que determinadas imágenes de anima/animus pueden proyectarse sobre posibles parejas y que, cuando esas proyecciones disminuyen, la persona puede comenzar a verse con mayor realidad. El término educativo «desidealización» utilizado aquí no es una técnica formulada por Jung.
¿Desidealizar significa dejar de amar?
No. Puede significar conocer mejor a la persona. En algunas relaciones este proceso aumenta la intimidad; en otras revela incompatibilidades importantes.
¿Toda idealización es perjudicial?
No. La investigación contemporánea ha encontrado que ciertas formas de percepción positiva o «positive illusions» pueden coexistir con satisfacción y estabilidad relacional. Esto no justifica ignorar hechos negativos o señales de daño.
¿Cómo sé si estoy viendo a la persona real?
No existe una prueba perfecta. Ayuda observar comportamientos repetidos, diferenciar hechos de expectativas, permitir que información nueva corrija nuestra imagen y preguntar directamente en lugar de atribuir intenciones.
FUENTES PRINCIPALES
*C. G. Jung · Aion: Researches into the Phenomenology of the Self · Collected Works, vol. 9, parte 2.* Los resúmenes académicos de la IAAP recogen el tratamiento de Sombra, anima/animus y las dificultades para reconocer determinadas proyecciones como propias.
International Association for Analytical Psychology · “Anima and Animus”. Explicación contemporánea especialmente relevante para este capítulo porque señala la proyección de estas imágenes sobre posibles parejas y el proceso por el que, al disminuir esas proyecciones, las personas vuelven a percibirse con mayor contacto con la realidad. También contextualiza críticamente las categorías históricas de masculino y femenino utilizadas por Jung.
*C. G. Jung · The Practice of Psychotherapy · Collected Works, vol. 16. Incluye The Psychology of the Transference* y el tratamiento de las relaciones entre proyección, transferencia y vínculo psicológico.
Fletcher, G. J. O., Simpson, J. A., Thomas, G. & Giles, L. (1999) · “Ideals in Intimate Relationships”. Journal of Personality and Social Psychology, 76(1), 72-89. Investigación sobre la estructura de los ideales de pareja y relación y su correspondencia con la evaluación de relaciones actuales.
Murray, S. L., Holmes, J. G. & Griffin, D. W. (1996) · “The Self-Fulfilling Nature of Positive Illusions in Romantic Relationships”. Estudio longitudinal sobre idealización y evolución de satisfacción, conflicto, dudas y continuidad en parejas de noviazgo. Se utiliza como investigación contemporánea independiente, no como validación experimental de Jung.
Luo, S. & Snider, A. G. (2009) · “Accuracy and Biases in Newlyweds' Perceptions of Each Other: Not Mutually Exclusive but Mutually Beneficial”. Psychological Science, 20(11), 1332-1339. En 288 parejas recién casadas estudió conjuntamente exactitud, sesgo positivo y similitud en la percepción de la pareja.
© Universo Tú · Material educativo creado por Universo Tú.
Contenido educativo y divulgativo. El marco junguiano se presenta como modelo de psicología analítica y se diferencia expresamente de la investigación contemporánea sobre relaciones. No sustituye una evaluación psicológica o psicoterapéutica individual.
